Cuando Alfredo Ardanza Trevijano y María José Morás se casaron en 1955 no intuían que iban a formar una familia enormemente numerosa integrada por cada uno de los logroñeses más todos los habitantes de Dax. Y es que, fue de aquella pareja de donde partió el germen del hermanamiento entre las dos ciudades formalizado oficialmente en 1960 y que ayer cumplió su 50 aniversario con un acto institucional en el Ayuntamiento logroñés impregnado del cariño que une a ambas capitales y rubricado con la entrega de la Medalla de Oro de Logroño a su hermana francesa.
Como rememoraron ayer entre muchas sonrisas y alguna lágrima furtiva, el estrechamiento de los lazos entre dos ciudades ajenas entre sí medio siglo atrás, fue posible gracias a que la pareja tenía en común algo más que un amor mutuo: sus respectivos tíos eran por entonces los regidores de Logroño, Fernando Trevijano, y Dax, Max Morás. El continuo contacto entre ambas familias fue derivando hacia la posibilidad de una relación formal entre ambas capitales, hasta que uno de los alcaldes -«no recuerdo cuál», confesó María José Morás- dio el paso definitivo e hizo un ofrecimiento a su homólogo que las dos partes compartieron con entusiasmo.
Las distancias entre Dax y Logroño se acortaron desde entonces. Los intercambios escolares, culturales, deportivos, comerciales y hasta económicos se multiplicaron. A la orilla del río Adou se empezó a hablar español, y junto a la ribera del Ebro se congregaron galos ansiosos de compartir vivencias fraternales.
Bailes y palabras
Los actos de homenaje a esos 50 años de amistad arrancaron ayer precisamente junto al paseo de Dax. Allí, los actuales sucesores de Morás y Trevijano, Gabriel Bellocq y Tomás Santos, izaron las banderas de sus ciudades junto al delegado de Gobierno, José Antonio Ulecia y el cónsul de Francia, Philippe Fredon, que hicieron lo propio con las enseñas de España y el país vecino. El himno de Europa dio paso a una demostración de los bailes típicos de cada región con el grupo 'Contradanza' por un bando y, por otro, los espectaculares ritmos de 'Lous goyats de l'Adou', que alzados sobre vertiginosos zancos y ataviados con las zamarras de lana que recuerdan a los pastores de Las Landas desplegaron las tradiciones de su zona.
La cita se trasladó a continuación hasta el salón de plenos del Ayuntamiento de la capital riojana, donde los protagonistas de entonces y los de ahora inyectaron sus palabras de agradecimientos, recuerdos y los mejores deseos para el futuro. La concejala logroñesa de Relaciones Institucionales, Inmaculada Sáenz, abrió esta fase del acto recordando la trascendencia del hermanamiento consagrado en un año, 1960, donde no eran nada habituales este tipo de estrechamiento de lazos entre urbes de diferentes países. «Dax y Logroño se convirtieron a partir de entonces en un ejemplo para fortalecer las relaciones de Europa y de sus ciudadanos», aseguró para recordar los cientos de familias de uno y otro lado de la frontera que se han unido en este medio siglo gracias a las múltiples actividades fomentadas a raíz de la unión.
También ahí, en la «audacia y el valor» que mostraron en su momento Morás y Trevijano, reparó Tomás Santos al glosar la trascendencia de la jornada. «Dos virtudes raras en los años 60 en una España alejada de Europa y de los valores democráticos, abundó el actual alcalde de Logroño para subrayar que las coincidencias entre Logroño y Dax van más allá del común carácter amable y generoso de sus gentes. «A ambas le une el Camino de Santiago, un gran río que las vertebra y hasta comparten la tradición de la tauromaquia», recapituló reafirmando la intención de que el vínculo jamás se deshaga.
Su homólogo francés, Gabriel Bellocq, enfatizó también lo «inaudito» de un hermanamiento de estas características hace 50 años, cuando estas relaciones eran algo novedoso y Europa luchaba por la paz perdida. Bellocq instó a «perpetuar» ese espíritu de amistad y cooperación, y con esa voluntad se marcaron todos una nueva cita. Será en el 2060.