Justo cuando Alfredo Pérez Rubalcaba comparecía pasadas las doce de la mañana para confirmar la tragedia, el televisor de la cafetería del acuartelamiento de Duques de Nájera acaparaba todas las miradas de los allí presentes... «Nunca sabes dónde te puede tocar», comentaba un grupo de agentes de paisano sin quitar ojo a una rueda de prensa retransmitida por la televisión pública en riguroso directo.
El asesinato del capitán de la Guardia Civil José María Galera Córdoba y del alférez Abraham Leoncio Bravo Picallo en Afganistán a manos de un talibán infiltrado teñía ayer de luto la Comandancia de Logroño, donde vivía el primero de los agentes junto a su esposa tras contraer matrimonio hacía ahora un año.
Pertenecientes a la Unidad de Acción Rural (UAR), concretamente al Centro de Adiestramientos Especiales (CAE), Galera Córdoba y Bravo Picallo llegaron en el 2007 a la capital riojana, donde no tardaron en integrarse en la 'gran familia' que conforman todos y cada uno de los habitantes de la casa cuartel.
Sin palabras
La incredulidad por lo sucedido, acentuada por el hecho de que tras cinco meses formando a policías afganos ambos regresarían a la base logroñesa el próximo 22 de septiembre, se entremezclaba con evidentes signos de dolor y consternación. Nadie quería hablar. Mejor dicho, nadie tenía cuerpo para ello.
El ministro del Interior añadía nuevos datos del «premeditado atentado» y quienes a esas horas seguían las noticias en la cafetería apenas se dirigían la palabra. Lo más, se lamentaban entre dientes. La imagen de la fachada de la base de Logroño, su base, pasaba una y otra vez ante sus ojos mientras las conexiones de los reporteros se afanaban por arrojar algún detalle de interés sobre los fallecidos o el estado de ánimo de los compañeros, es decir, de su propio estado de ánimo.
Fuera, justo en aquellos momentos, la bandera de la entrada a la Comandancia, junto a las siglas de la Unidad de Acción Rural, ya ondeaba a media asta.
Las muestras de pésame no cesaron ni un sólo momento a lo largo de toda la jornada. Diario LA RIOJA, en el interior del acuartelamiento, pudo ver cómo el presidente del Parlamento de La Rioja, José Ignacio Ceniceros, se personaba en Duques de Nájera para mostrar sus condolencias a una unidad que, según algunos de sus integrantes, se encontraba «destrozada».
Una gran mayoría se interesaba por el estado de la esposa del capitán Galera quien, como advertían fuentes del Instituto Armado, continuaba a esa hora en la casa cuartel atendida por psicólogos y permanentemente acompañada. «Son momentos de dolor y pésame. Momentos para estar al lado de las familias que hace unos meses despedían a sus seres queridos camino de una misión humanitaria y formación policial y ahora se enfrentan al dolor de no volver a tenerlos a su lado», expresaban desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC).
Llegada a Torrejón
Los cadáveres del capitán y del alférez llegarán a mediodía de hoy a Torrejón de Ardoz. Posteriormente, serán trasladados a la casa cuartel de Logroño. Los Príncipes de Asturias presidirán el funeral de Estado en el acuartelamiento de la UAR, previsto para las siete de la tarde.
Se da la circunstancia de Doña Letizia fue quien amadrinó en junio del 2005 en Logroño la Bandera española concedida a esta Unidad de Acción Rural con motivo del XXV aniversario de su creación y en reconocimiento a su labor.
Al igual que los Reyes, los Príncipes enviaron ayer telegramas de pésame a la viuda del capitán Galera y a la madre del alférez Bravo.
Según informaban a Diario LA RIOJA fuentes del propio Centro de Adiestramientos Especiales, el capitán y el alférez tiroteados no son los únicos agentes de la Unidad de Acción Rural de misión en el país asiático. Junto a José María Galera Córdoba y Abraham Leoncio Bravo Picallo se encontrarían al menos otros cuatro compañeros del Cuerpo.