Lo llaman el 'Dakar' de los humildes. Su fama, menos dura que la competición ahora trazada entre Chile y Argentina, no concluye en el África negra sino en la capital de Mongolia (Ulam Bator). La verdadera meta, sin embargo, intenta cumplir un proyecto solidario: sensibilizar a la gente y recaudar todos los fondos posibles para financiar proyectos de desarrollo.
El Mongol Rally nació en el 2004 con la voluntad de movilizar a los aventureros que desean cumplir retos por el mundo para que, además, reporten algo beneficioso al país al que acuden.
La caravana solidaria festeja este julio su séptimo cumpleaños desde que esta iniciativa británica comenzara a andar. La edición de este año cuenta con la participación de 200 equipos, de los cuales 50 son españoles. La mayoría de los conjuntos inscritos en la travesía proceden de Madrid, Barcelona y el sur de la península.
El logroñés de 22 años, Alejandro Ruiz Ortega, se suma como riojano a esta peculiar marcha benéfica que atraviesa toda Europa y varios países del oeste y centro de Asia. «Va gente de todos los lados», comenta Alejandro. «Te encuentras, incluso, con 'piyaos' que vienen de Estados Unidos, meten el coche en un avión y aparecen en Barcelona», añade. El joven iniciará el viaje desde Logroño el próximo 23 de julio junto con su equipo, el 'Mojo Team', compuesto por él y tres amigos. Partirán a Barcelona para iniciar una travesía de 15.000 kilómetros repartidos en cinco semanas, sin la ayuda de una ruta ni GPS. «Viajaremos en un Suzuki pequeño en el que llevamos provisiones, agua y ropa», explica.
Las bases de la organización obligan a cada dotación a reunir un donativo mínimo que supere los 1.500 euros, que se entregarán a las ONG del rally. Para eso, los 'Mojo' cuentan con el patrocinio del Ayuntamiento de Logroño y de un puñado de empresas más, por lo que han podido incluso superar la cifra inicial: «Gracias a ellos hemos conseguido unos 4.500 euros que se destinarán a los orfanatos de Mongolia y Rusia», aclara el joven.
La otra regla del evento limita el uso de vehículos a los que no superan los 1.200 centímetros cúbicos. Sin embargo, permiten los transportes de servicios como ambulancias o camiones de bomberos, para que, una vez en la capital mongola, se subasten y el beneficio obtenido se ofrezca, también, a la ONG. Alejandro cuenta que su intención fue hacerse con una ambulancia para cederla, pero cuando se interesaron las dos ambulancias en desuso de La Rioja se habían desechado ya.
Los cuatro cuentan con experiencia en estas lides y con las ganas de cualquier incipiente aventurero: «Todos tenemos experiencia, al menos, en coger una tienda y sobrevivir con lo mínimo», asegura este intrépido joven. Pero, sobre todo, ansían conocer otras culturas y ayudar a los pueblos que lo necesitan.