Posiblemente M.V.C., una mujer de Calahorra, estará viviendo los peores meses de su vida. En poco tiempo ha pasado de tener una vida apacible, junto a su marido y a su hijo, a experimentar el dolor, el miedo y la incomprensión.
En marzo de este año la mala noticia se la dio el médico. Le habían detectado un cáncer de mama. El temor a la palabra maldita se sumó a las miles de dudas. Desde el primer momento le recomendaron que se cogiera la baja, comenta su marido, A.M.M., «pero como ella se encontraba bien decidió seguir trabajando», al menos por unos días.
La mujer comunicó su situación a la empresa y allí le recomendaron que en lugar de la baja «de momento se cogiera unos días de vacaciones». Y así lo hizo. Durante quince días se sometió a la primera y quizá a la más dura sesión de quimioterapia. Hasta que el 13 de abril se presentó en la firma para la que trabajaba con el fin de llevar todos los papeles necesarios y obtener la baja laboral por enfermedad.
Dos días después, M.V.C. recibió un burofax donde le notificaban que al día siguiente ya no era necesario que fuera a trabajar. La estaban despidiendo. Así que de repente tuvo que hacer frente a la enfermedad y a la impotencia de haberse quedado sin su empleo.
Pero lo peor de todo no fue eso, explica su marido, sino «las formas». «Es duro quedarse sin una fuente de ingresos -explica A.M.M.- pero es peor que te despidan de una forma falsa». Al parecer, la empresa alegó una disminución continuada del rendimiento para despedir a M.V.C. Una justificación que para su esposo no tiene sentido ya que nunca se habían quejado de su trabajo «ni le habían notificado nada». Además, es un sector que ella conoce y en el que tiene experiencia, pese a que en esta empresa llevaba trabajando como indefinida seis meses.
La compañía, que trabaja para diferentes instituciones y centros en toda La Rioja, admitió que el despido era improcedente y no se negó a pagar los días correspondientes, pero lo que más ha sentido esta familia vecina de Calahorra es que hayan utilizado la mentira para despedir a la mujer. «Si te dicen que ha bajado el ritmo de trabajo y no van a necesitar a tantas personas, lo sentiríamos mucho, pero sería diferente», comenta A.M.M.
Dos frentes abiertos
A partir de ahora, M.V.C. tiene dos frentes abiertos. El primero, recuperar su, de momento, maltrecha salud; y el segundo, conseguir que se haga justicia ante una situación que consideran que atenta contra los derechos de los trabajadores.
Esta mujer afrontó el pasado 30 de junio la quinta sesión de quimioterapia. Continúa con su tratamiento para, previsiblemente en la primera quincena de agosto, pasar por el quirófano, donde lo más probable es que le extirpen parte del pecho afectado. Luego, más sesiones de quimioterapia que le ayuden a recomponerse y a devolverle la salud perdida. ¿El trabajo perdido? No saben si lo recuperará. Un juez será el encargado de decidirlo en una vista que confían en que se celebre «cuanto antes mejor».