A la pregunta de cómo se encuentra el sector agrario en La Rioja, el coordinador sindical de la UAGR, Luis Torres, responde sin medias tintas que «muy mal». No le faltan argumentos. «El vino, que ha sido lo que parecía que salvaba muchas explotaciones, está ahora por debajo de costes; los cultivos herbáceos, de no contar con ayudas europeas, no resultarían rentables desde hace tiempo; los productos hortícolas han bajado de precio; lo ocurrido con el melocotón para industria podría calificarse como una debacle; la remolacha se sitúa en el umbral de la rentabilidad,...».
De esta larga lista de cultivos en la 'cuerda floja' de la sostenibilidad económica, Torres sólo salva a la pera conferencia. «La única que mantiene un poco el precio». Por esto, el coordinador sindical de la UAGR reclama «a los poderes públicos» medidas urgentes, dirigidas a «regular los mercados agrarios y a que se impongan precios justos». «No se puede vender por debajo del precio de coste. De lo contrario, no podemos mostrarnos optimistas con el futuro del sector primario».
De ahí la sangría incesante de empleos y el que los jóvenes se piensen dos veces si en el medio rural existe futuro. «Hay que tener bastante vocación hoy en día para trabajar en el campo», opina. «Las Administraciones deberían considerar que el sector agrario implica mucho más que el medio de vida de unos agricultores. Conlleva que se fije población en las áreas rurales y que éstas no queden despobladas», agrega. Un primer paso para evitar que una gran parte de nuestra geografía se convierta en un páramo pasaría por el establecimiento de la ley de márgenes comerciales. «No es de recibo que mientras a nosotros nos pagan por debajo de los costes de producción, la cesta de la compra del consumidor no baje y la gran distribución continúe sumando beneficios en plena crisis», denuncia. Y acaba desterrando un mito. «Existe la creencia de que el campo está subvencionado, pero hay pocos cultivos que realmente lo están o lo suficiente para alcanzar una rentabilidad. El campo no quiere ayudas, sino precios dignos».