Mediados de agosto del año pasado. Tres y media de la tarde. Urgencias del San Pedro. Una mujer de 54 años acompaña a su sobrino enfermo al que atienden una médico y una enfermera. «Quítate que no tenéis sangre, putas, zorras, que os voy a matar a todas como le pase algo». La mujer, visiblemente alterada, se dirige en estos términos a la enfermera a la que golpea en el pecho y echa hacia atrás. Resultado: la ATS presenta contusión pectoral de la que requiere asistencia médica y tarda tres días en curar. El fiscal pide para la agresora un año y dos meses de prisión e inhabilitación especial del derecho de sufragio pasivo y costas. Se le imputa un delito de atentado a funcionario público (art. 550, 551 del Código Penal). El juicio se verá en breve en los Juzgados de Logroño.
No es un caso aislado. Episodios como éste se reproducen con más frecuencia de la deseada en los centros sanitarios de todo el país y también de La Rioja. El objeto de la ira: los profesionales. A veces todo queda en agresión verbal, en otras se convierte en atentado físico que puede llegar a tener fatales consecuencias.
Resulta paradójico que quien se dedica a proteger y cuidar a los demás tenga que aprender a protegerse y cuidarse de sus pacientes. Está claro que los tiempos han cambiado y la sociedad se mueve a golpe de intolerancia. Los pacientes no ven ya sabios infalibles en las figuras del médico y de la enfermera; ahora esgrimen sus derechos que exigen con rigor y en ocasiones rebasan el límite olvidando cualquier mínima regla, lo que deriva en situaciones de riesgo y violencia para el colectivo sanitario. «Se trata de entender la labor de cada uno. La gente cree que tiene derecho a todo, incluso a la violencia. Todo no vale», expresa Inmaculada Martínez Torre, presidenta del Colegio Oficial de Médicos. La estadística es rotunda en cifras, detrás de las cuales hay trabajadores con duras historias de las que es difícil escapar porque la rutina del día a día demuestra que la circunstancia puede volver a repetirse.
El 2009 se cerró en La Rioja con 78 incidentes con usuarios, que afectaron a 86 profesionales, frente a los 30 del año anterior, según datos del SERIS. «Es un fenómeno creciente y emergente, que va a más, como en otros ámbitos, porque es un reflejo de la sociedad», explica Pedro José Vidal, presidente del Colegio de Enfermería de La Rioja. Enfermeras y auxiliares de enfermería copan la desafortunada lista con 31 y 22 casos, respectivamente. Son los datos registrados pero el Colegio de Enfermería opina que sólo es la punta del iceberg porque muchos se ocultan por miedo. Le sigue el colectivo médico, con 25 incidentes. Para la presidenta del Colegio Oficial de Médicos, la estadística regional se mueve en la media en cuanto a facultativos.
Pero lo que empieza como una diferencia de opinión, escala y se convierte en discusión y, en ocasiones, puede terminar en una agresión física al profesional. Así ocurrió el pasado año en La Rioja en el 48% de los casos frente al 23% del 2008 (38 episodios en el último año que suponen multiplicar por 5,5 las denuncias). El 'San Pedro', con 30 incidentes, y la red de atención primaria, con 29, son los escenarios más difíciles.
Mención aparte merecen las situaciones relacionadas con salud mental y drogodependencias, donde la conflictividad es casi habitual. Estas actividades siguen siendo las de más riesgo: 24 incidentes (el 74%), de los que 16 se sitúan en el centro de salud mental de Albelda y el resto, en psiquiatría del San Pedro.
La mayoría de las agresiones de pacientes y sus familiares tienen como detonante cuestiones de índole menor: disconformidad en el tiempo de espera, percepción de una insuficiente información por parte del profesional, exigencias de recetas y de más pruebas diagnósticas, derivación a especialistas, desacuerdos en el tratamiento. En definitiva, un sentimiento de que sus demandas no han sido satisfechas convenientemente. Si a ello se une la habitual masificación del sistema el cóctel resulta explosivo, la irritación y la frustración crecen y las consecuencias pueden ser de proporciones porque el médico y la enfermera están indefensos.