Es la fiesta pagana por excelencia, por sus orígenes, por su evolución y por su concepción actual. Pagana pero ‘vinculada’ a la religión, al menos en lo que a su fecha de celebración se refiere. Y es que históricamente el Carnaval no ha sido sino el último día de desenfreno y de excesos antes de la llegada de ‘Doña Cuaresma’, bastante más exigente ella en lo que a las pasiones del cuerpo se refiere que ‘Don Carnal’.
Las bacanales en honor al dios Baco, la saturnales, que honraban a Saturno, o las lupercales (dios Pan) son, según los historiadores, los antecedentes griegos y romanos de una celebración que a lo largo de los siglos ha conocido numerosas variantes e incluso ha sido denostada y prohibida por más de un Gobierno.
Así, mientras que en Venecia el Carnaval fue la forma ideal para que, máscara en mano, los nobles se mezclaran con el pueblo y dieran rienda suelta a unos instintos que, dada su condición, sólo les permitía el anonimato, en Río de Janeiro el protagonismo es de la samba que inunda durante una semana el día a día de los brasileños y de sus miles de turistas. En España, las Islas Canarias y Cádiz son los referentes imprescindibles de unos festejos en los que, sobre todo en La Tacita de Plata, la mofa, la ironía y la chanza acaparan el papel principal en los doblemente intencionados versos de sus chirigotas.
Quizá para evitar que la mofa se personalizara en los gobernantes –históricamente carentes de la sana capacidad de reírse de ellos mismos– el Carnaval en España también ha sufrido más de la cuenta. Así, entre 1935 y 1975, la dictadura franquista consideró oportuno anular una celebración pagana contraria a los valores cristianos de la sociedad del momento. Una intención que, en muchos casos, quedó en agua de borrajas. Por ejemplo en Cádiz. Allí, durante los primeros años de la dictadura, los gaditanos se juntaban en pequeños colmados en donde mantuvieron vivo el espíritu de un Carnaval que, años después, descafeinado y domesticado por la autoridad, regresó bajo el nombre de Fiestas
Típicas Gaditanas que, a la postre, permitió mantener viva una tradición que con la democracia, al igual que en el resto de España, resurgió con la fuerza que le dotó la libertad.
Y La Rioja no es una excepción. Así, ayer fue el día grande de un Carnaval que esquivó al ritmo de las músicas más 'pachangueras' los rigores de las temperaturas más heladoras. Música, caramelos, baile y, sobre todo, dosis infinitas de imaginación. La crisis, las obligaciones diarias, los problemas de trabajo... todo se olvidó durante unas horas en las que la alegría recorrió las calles de la capital.
Sin lugar para la crítica que tanto juego da en otras celebraciones carnavaleras, Logroño se convirtió en 'Logrorama' con Bender, el famoso robot de la serie Futurama, de Matt Groening, a la cabeza. Y si hablamos de robots, tampoco faltaron a su cita los más famosos de la historia, los de La Guerra de las Galaxias. Decenas de unidades C-3PO y R2-D2 acompañaron a Chewbacca, Darth Vader, soldados del Imperio, princesas... Una escenificación perfecta -incluso en los movimientos- que mereció el primer premio del jurado. Los responsables, la APA del colegio Siete Infantes de Lara.
Más reivindicativa -quizá la única- fue la propuesta de la comparsa 'Salvemos las 4 estaciones' que mereció el segundo galardón por su defensa del medio ambiente y por unos disfraces muy elaborados.
Y si para conocer a los ganadores hubo que 'viajar al futuro', para entregar el tercer premio hubo que retroceder siglos y siglos en el tiempo. Tanto que fueron los dinosaurios de Yagüe -propuesta de la Asociación de Vecinos Fueclaya del barrio logroñés- los que 'devoraron' el galardón (además del de carrozas). El palmarés se completó con los premios a la APA del Colegio San Pío X, a la Fundación Cultura y Comunicación.
Pero hubo mucho más: el General Espartero regresó, con su caballo, a las calles de Logroño que también revivieron las Memorias de África (primer premio de grupos), la transhumancia, la Edad de Piedra o el salvaje -y lejano- Oeste. Aunque la más original de todas fue la apuesta de la Asociación de Amigos de Enciso que en su afán por recuperar la tradición del Carnaval rural mostró buena parte de los históricos disfraces de las poblaciones riojanas.
No solo Logroño apostó por un radical y momentáneo cambio de imagen. En Calahorra, Arnedo, Santo Domingo de la Calzada, Cervera, Haro, Alfaro y Nájera, entre otras localidades, los disfraces se adueñaron de un día diferente en el que se abandonan todos los complejos y la vergüenza. Y es que, más allá de los desfiles y concursos oficiales, un paseo por las calles de cualquier localidad de la región durante el día de ayer dejó patente que el Carnaval gana adeptos y que la imaginación no tiene límites.
Ladrones, colegialas, mimos, superhéroes, ninjas, chinos, escoceses, caperucitas roja, blancanieves, enanos, obreros... se cruzaron por las calles de la región en un día en el que todo fue posible. Incluso ver a Obélix llevando su pesado menhir en la parte de atrás de un Peugeot 106... Es lo que tiene el Carnaval.
Es la fiesta pagana por excelencia, por sus orígenes, por su evolución y por su concepción actual. Pagana pero 'vinculada' a la religión, al menos en lo que a su fecha de celebración se refiere. Y es que históricamente el Carnaval no ha sido sino el último día de desenfreno y de excesos antes de la llegada de 'Doña Cuaresma', bastante más exigente ella en lo que a las pasiones del cuerpo se refiere que 'Don Carnal'.
Las bacanales en honor al dios Baco, la saturnales, que honraban a Saturno, o las lupercales (dios Pan) son, según los historiadores, los antecedentes griegos y romanos de una celebración que a lo largo de los siglos ha conocido numerosas variantes e incluso ha sido denostada y prohibida por más de un Gobierno.
Así, mientras que en Venecia el Carnaval fue la forma ideal para que, máscara en mano, los nobles se mezclaran con el pueblo y dieran rienda suelta a unos instintos que, dada su condición, sólo les permitía el anonimato, en Río de Janeiro el protagonismo es de la samba que inunda durante una semana el día a día de los brasileños y de sus miles de turistas. En España, las Islas Canarias y Cádiz son los referentes imprescindibles de unos festejos en los que, sobre todo en La Tacita de Plata, la mofa, la ironía y la chanza acaparan el papel principal en los doblemente intencionados versos de sus chirigotas.
Quizá para evitar que la mofa se personalizara en los gobernantes -históricamente carentes de la sana capacidad de reírse de ellos mismos- el Carnaval en España también ha sufrido más de la cuenta. Así, entre 1935 y 1975, la dictadura franquista consideró oportuno anular una celebración pagana contraria a los valores cristianos de la sociedad del momento. Una intención que, en muchos casos, quedó en agua de borrajas. Por ejemplo en Cádiz. Allí, durante los primeros años de la dictadura, los gaditanos se juntaban en pequeños colmados en donde mantuvieron vivo el espíritu de un Carnaval que, años después, descafeinado y domesticado por la autoridad, regresó bajo el nombre de Fiestas