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Cuando los riñones dejan de funcionar

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Cuando los riñones dejan de funcionar

09.02.10 - 00:45 -
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Los riñones tienen como misión mantener al organismo en perfectas condiciones para conseguir el buen funcionamiento de todos sus órganos, para lo cual realizan una serie de funciones, entre las que se encuentran la eliminación de sustancias de deshecho por medio de la formación de la orina, el control del metabolismo del calcio y fósforo para la correcta formación de los huesos, la maduración de los glóbulos rojos de la sangre, así como la regulación de la presión arterial y el control del volumen y de los electrolitos, por lo que si por alguna circunstancia dejan de funcionar se produce el deterioro de todo el organismo, pudiendo llegar a producirse una situación incompatible con la vida.
Para intentar suplir estas funciones existen tratamientos como la diálisis, ya sea por medio de la hemodiálisis o por la diálisis peritoneal y el trasplante renal. En cada paciente, el nefrólogo, de acuerdo con el enfermo, debe optar por el tratamiento inicial más idóneo y para ello debe valorar las características del enfermo tanto de carácter personal como socio-laboral, situación clínica, riesgos de cada técnica y calidad de vida que pueda obtener.
El trasplante, que se fundamenta en los principios éticos del altruismo, ausencia de coacción o compensación económica del donante es, sin duda, el mejor tratamiento sustitutivo de la función renal debido a que aumenta la supervivencia, mejora la calidad de vida del paciente evitando la dependencia de la diálisis y las dietas rigurosas además de proporcionar una mejor función renal y, por lo tanto, consigue la mejoría de todas las funciones del organismo, a la vez que es más económico comparado con las diálisis pero hay pacientes que no pueden recibir un trasplante debido a su situación clínica, edad, posibles complicaciones u otras causas por lo que el nefrólogo debe realizar un estudio clínico y analítico que valore su situación clínica, descarte las posibles enfermedades que puedan complicar el trasplante y, especialmente, conozca su sistema inmunológico para poder compararlo con el del futuro donante.
El trasplante es una técnica que tiene también la limitación de la menor disponibilidad de riñones con relación a la demanda de pacientes en diálisis, lo que ha supuesto que para ofrecer más oportunidades a los enfermos se utilicen riñones de donantes de mayor edad que en épocas pasadas o los donantes a corazón parado, que corresponden a personas que fallecen repentinamente, cumpliendo una serie de condiciones, fuera del ámbito hospitalario.
El paciente debe ser informado exhaustivamente de los posibles riesgos y beneficios de la técnica, del riesgo quirúrgico, complicaciones y posibilidad de retorno a la diálisis, sobre todo si aparece un rechazo del riñón injertado. Si el enfermo no dispone de un donante familiar vivo o éste no fuera compatible se incluye en una 'lista de espera' hasta que se encuentre un riñón de cadáver.
Requisitos legales
En España hay rigurosos requisitos legales encaminados a salvaguardar los derechos de los posibles donantes entre los que se incluyen el haber demostrado su conformidad en vida o el permiso de sus familiares. Cuando aparece un donante de estas características se le hacen diversos estudios encaminados a realizar la selección entre los pacientes en lista de trasplante y decidir cuál de ellos va a tener más posibilidades de éxito, atendiendo, de forma especial, a sus características inmunológicas de compatibilidad pero observando también otros aspectos como la edad e índice de masa corporal del donante y receptores, tiempo en lista de espera del enfermo, trasplantes previos, situación clínica, etc.
Una vez seleccionado el receptor se realiza la llamada 'prueba cruzada' entre la sangre del donante y la del receptor para comprobar su compatibilidad y no desarrolle la formación de anticuerpos que conducirían a la aparición de un rechazo agudo que pondría en riesgo la viabilidad del trasplante e incluso la vida del paciente.
Realizado el estudio prequirúrgico del donante y receptor se hace la extracción de los riñones del donante y se comprueba su integridad, aspecto de la arteria y vena renal, uréter y ausencia de lesiones o patología macroscópica, realizando, en caso de duda, biopsia para conocer su estructura histológica. Es entonces cuando se realiza el trasplante o injerto del riñón, que precisa de un equipo de cirujanos y consiste en implantar en el abdomen del paciente el riñón sano previamente extraído del donante.
El organismo del paciente reconoce al nuevo riñón como un 'cuerpo extraño' poniendo en marcha su sistema inmunitario para intentar eliminarlo por lo que, para evitar en lo posible su rechazo, el nefrólogo, después del trasplante, inicia el tratamiento con el llamado tratamiento inmunosupresor, que deberá mantenerse durante toda la vida y realiza su control y seguimiento para valorar el funcionamiento del órgano, así como el diagnóstico y tratamiento de posibles complicaciones, tanto inmunológicas como vasculares, o los efectos de la medicación, especialmente infecciones debidas a la disminución del sistema inmunitario, desarrollo de obesidad, cataratas, articulación de la cadera o neoplasias como hallazgos que pueden presentarse con mas frecuencia.
La supervivencia tanto del trasplante como del paciente depende de múltiples factores, unos son debidos a la situación previa al trasplante (enfermedad de base, tiempo de diálisis, situación clínica, complicaciones o incompatibilidad inmunológica con el donante), otros debidos a la calidad del órgano trasplantado (donante vivo, de cadáver o de corazón parado) o riñones llamados 'marginales' por corresponder a donantes añosos o con algún tipo de patología vascular; otros factores son debidos al acto quirúrgico en sí, como pueden ser la técnica o el tiempo empleado entre la extracción y el implante del riñón (isquemia fría) y, finalmente, influye la adaptación del paciente al trasplante y el grado de cumplimiento de la medicación y de las medidas higiénico-dietéticas aconsejadas.
12 casos al año en La Rioja
En La Rioja, el trasplante de riñón ha sido desde siempre una posibilidad que se ha ofertado a los pacientes en insuficiencia renal crónica en diálisis, por lo que actualmente se atiende a más de un centenar de trasplantados en la consulta del Servicio de Nefrología del Hospital San Pedro procedentes de los trasplantes realizados inicialmente en la Clínica Universitaria de Navarra y posteriormente en el Hospital Cruces de Bilbao con una media anual, en los últimos diez años, de 12 trasplantes/año.
Durante el 2009 en España se realizaron 2.328 injertos (235 de donante vivo) de los cuales 12 corresponden a pacientes procedentes de nuestra comunidad.
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