El partido de ayer vino a corroborar lo mal que ha sido organizada este año la temporada por parte de la Federación Española. El Caja Rioja se encontró ayer sin enemigo en la cancha del Palacio de los Deportes y eso hace mucho daño al baloncesto.
Los componentes del equipo riojano tuvieron que tirar de profesionalidad para que el partido no se llegara a convertir en un tranquilo corre calles. Trabajaron con intensidad, sobre todo en defensa, y dejaron en evidencia a un conjunto rival que no tenía derecho a hacer el ridículo como lo hicieron ayer sus componentes sobre el parqué. Para lo que hicieron, mejor se hubieran quedado en casa, no habrían malgastado el dinero del desplazamiento y el público se habría ahorrado, también un penoso espectáculo.
Porque el conjunto del Tarragona, individualmente, no es o no puede ser tan malo, como lo que exhibió ayer en Logroño. No es de recibo y hace mucho daño al baloncesto la particular forma de entender esto por parte del conjunto tarraconense.
Y menos mal que los cajistas no se dejaron llevar por la inercia, salvo en el último cuarto, en el que el partido se convirtió en un corre calles para ver quien metía más puntos.
Bajo el aro
En los dos primeros cuartos, el dominio riojano en la pintura fue total. De hecho, los veintidós primeros puntos de los locales se produjeron en jugadas rápidas y lanzamientos bajo el aro, ya fuera tras robo del balón o tras un rebote en los continuos errores de lanzamiento de sus rivales.
Al descanso, los visitantes habían conseguido nada menos que ¡dieciséis puntazos!. Increíble, pero cierto. Las ganas con que se aplicaban los locales contrastaba con la falta de intensidad que se apreciaba en sus contrincantes.
En el segundo tiempo empezó a poder más la relajación y se notó en el marcador, porque si se mantiene el ritmo del inicio, el tanteador habría sido de escándalo.
Hay que felicitar a los jugadores de Jesús Sala, porque intentaron ofrecer el espectáculo que merece el público. Trabajaron muy bien en defensa. Buscaron la canasta contraria según les defendieron. Cuando fue al hombre, entraron si problemas hasta la cocina, y cuando les cambiaron a zona, también supieron atacarla con lanzamientos de tres puntos, algo que costó conseguir, pero que finalizó con varias canastas desde más allá de los seis metros y medio.
Sala quería intensidad, que el equipo trabajara en el plano defensivo como siempre y lo consiguió durante muchos minutos. Hizo muchos cambios buscando que todos aportasen, que no se dejasen llevar por la inercia de un rival cómodo y ausente, y lo consiguió durante muchos minutos. Y eso es de agradecer y de exaltar como se merece.
Al final, el técnico riojano decía: «Hemos intentado jugar siempre con ganas, con intensidad y sin relajación. Ha sido un partido para seguir creciendo en el plano defensivo y buscar fórmulas en ataque».