El tesoro hundido más codiciado

Una réplica del galeón San José se exhibe al público en Cartagena./EFE
Una réplica del galeón San José se exhibe al público en Cartagena. / EFE

Un galeón español hundido hace más de 300 años enfrenta ahora a España y Colombia por ver quién participa en su rescate

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

En sus bodegas, el galeón 'San José', de bandera española, llevaba oro, plata, esmeraldas y otras piedras preciosas, monedas acuñadas y diversos objetos valiosos. Hace 330 años por fin zarpaba hacia España desde un puerto de Cartagena de Indias, con un botín acumulado durante seis años por los conquistadores de América. Un tesoro que necesitaba Felipe V para alimentar su Guerra de Sucesión contra los ingleses, que acechaban para hundir cuanto barco intentara cruzar el mar Caribe. El 8 de junio de 1708 una pesada bala de los corsarios alcanzó su flanco. El barco se fue a pique, en un lugar impreciso hasta los años ochenta, con piezas por un valor que actualmente se calcula en más de 8.000 millones de euros.

La empresa Sea Search Armada (SSA) anunció en 1982 que había descubierto dónde reposaba el 'San José', y reclamó sus baúles repletos de riquezas. ¿Los tesoros hundidos pertenecen a quien lo encuentra, como dicta la vieja ley del mar? ¿Es de las naciones en cuyas aguas marítimas han zozobrado? ¿O es del país que ondeaba su bandera en el mástil? Unos años después, la Unesco opinó: eran restos arqueológicos de interés general de la humanidad, prohibía la explotación comercial, recomendaba dejarlos en su sitio, y se inclinaba por señalar que todo navío es una pequeña parte de soberanía del país propietario. En este caso, España, que también reclama la titularidad del 'San José' como «barco de Estado». Pero Colombia, que no es país suscriptor del convenio de la Unesco, no aceptó ni las pretensiones de los caza-tesoros ni las del organismo internacional.

Empezó una larga batalla dialéctica y legal. Finalmente, en 2011 una corte de Estados Unidos dictaminó que todas las piezas eran propiedad del país suramericano. Mientras tanto, la marina colombiana exploraba las aguas para encontrar el galeón. Recién en 2015, el presidente Juan Manuel Santos pudo hacer el anuncio: habían hallado el botín perdido. Ahora había que sacarlo de esa tumba a 300 metros de profundidad, a unas nueve millas náuticas de la costa.

El rescate podría costar casi 60 millones de euros, según el pliego de licitación que publicó este mismo año el gobierno colombiano. Una inversión «sin desembolso de recursos públicos», aseguró Santos. Al ver que avanzaban las condiciones para el rescate, España le pidió «reconsiderar su postura», en palabras del ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en un intento por redoblar la presión para llegar a un acuerdo amistoso que incorpore a España como parte del equipo, y de los beneficiarios, de la riqueza extraviada. «España tiene gran experiencia en recuperación en pecios y nos gustaría colaborar», dijo en esa ocasión. La respuesta llegó ayer, durante la visita de Santos a Madrid, cuando aceptaba la «colaboración» de España y de cualquier otro país, para recuperar este patrimonio. La batalla por el galeón continúa, ahora con la diplomacia como arma.

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