Daños colaterales

DIEGO CARCEDO

Asegurar a pies juntillas que el 'procés' haya sido la razón de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) no se instale en Barcelona, la ciudad que parecía predestinada a acogerla, quizás resulte exagerado. Una elección tan compleja, en la que participan veintisiete países y dieciséis candidaturas en juego, siempre resulta imprevisible hasta el último minuto. Pero en este caso, nadie duda que la situación en Cataluña, con el desafío de los líderes secesionistas a las advertencias de la Unión Europea en pleno y la imagen de falta de seriedad que ofrecieron al mundo sus políticos ha tenido una influencia extraordinaria en el resultado.

La diplomacia española se volcó estas últimas semanas en convencer a los socios comunitarios de que la normalidad había sido restablecida -algo que el expresident Puigdemont intenta desmentir con su actitud errante-, las ventajas que brindaba Barcelona y de la oportunidad de que España, la cuarta economía de la Unión, aloje a alguna de las agencias importantes siempre tropezó con el argumento, bien aprovechado por los promotores de otras ciudades candidatas, de la incertidumbre generada por las pretensiones independentistas de quienes tendrían que aportar mayor confianza.

La popularmente conocida como Agencia del Medicamento abandona Londres como consecuencia del Brexit y, bien mirado, no dejaba de resultar paradójico alojarla en otra ciudad donde sus gobernantes también estaban empeñados en salirse de la UE. La prueba más clara de que sus posibilidades se habían esfumado en el caos institucional que se creó desde la Generalitat fue que después de figurar tanto tiempo como favorita, fuese de las primeras en quedar eliminada. Otro daño más causado a la imagen y a la economía de Barcelona, de Cataluña y de España que hay que atribuir a la irresponsabilidad del Govern, del Parlament y de cuantos los secundaron.

Es un golpe duro sobre todo para una ciudad que no lo merece. Y una pérdida importante y difícil de reparar para quienes nada ha tenido que ver con este desaire internacional que sufriremos todos. Oportunidades así surgen pocas y desperdiciarlas por empeñarse en jugar a la contra de proyectos tan importantes como es la integración de Europa origina estas consecuencias. Ahora es probable que los culpables de tantos perjuicios y despropósitos intenten responsabilidad del fracaso al Gobierno central. No faltará quien continué la inercia de la calumnia, de la que siempre algo queda, haciendo creer que la influencia española se ejerció para que la EMA no se instalase en Barcelona.

Una infamia previsible más entre tantas a las que el independentismo más chapucero nos tiene acostumbrados. La Agencia Europea del Medicamento une a su importancia en el campo de la salud algunos datos que resumen la aportación que paralelamente supone para la ciudad que la aloja: Alrededor de mil puestos de trabajo, 1.500 empresas farmacéuticas relacionadas, 340 millones de euros de presupuesto y el valor añadido que supone recibir cada año la visita de muchas personalidades de la ciencia, la medicina y la industria con lo que eso significa para una ciudad.

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