Rompiendo aguas y leyes

Bahía de los Puercos, uno de los parajes del archipiélago Fernando de Noronha./EFE
Bahía de los Puercos, uno de los parajes del archipiélago Fernando de Noronha. / EFE

El primer nacimiento en doce años quebranta la prohibición de parir en la idílica isla brasileña de Fernando de Noronha

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La implacable ley de la naturaleza y las leyes humanas rara vez van de la mano. La fuerza de una arrolla a veces las ¿racionales? disposiciones de las otras. Y es lo que ha ocurrido en una paradisíaca isla brasileña donde una chocante legislación impuso la prohibición de parir ante la falta de clínicas bien dotadas. No había nacido allí ningún bebé en los últimos doce años hasta que una mujer rompió a la vez aguas y leyes el pasado sábado alumbrando a la primera isleña -fue niña- en casi tres lustros en aquella esquina del paraíso.

La criatura tuvo a bien venir a este valle de lágrimas en la bucólica y risueña isla de Fernando de Noronha, la esmeralda del Atlántico, donde Javier Bardem y Penélope Cruz alimentaron su idilio hace unos años. Y lo hizo dando una sorpresa mayúscula a propios y extraños, incluidos sus progenitores, que quizá habrían cumplido con la ley trasladándose a un centro médico en el continente de haber sabido la madre que estaba embarazada.

La mujer, que ya parió otra criatura sin contravenir la norma, aseguró al diario brasileño 'O Globo' que esta vez no sintió «nada» durante el embarazo. «Tuve dolores en la madrugada del sábado, fui al baño vi algo saliendo entre mis piernas. El padre de la criatura se acercó, lo recogió y comprobó que nuestro bebé era una niña», explico la estupefacta y feliz madre, que quiere mantener el anonimato. «La familia dice que no estaba al tanto del embarazo, de modo que no fue posible frenar el curso de del naturaleza», reconoció el administrador de la isla en un comunicado.

Con poco más de 3.000 habitantes, la isla no autoriza los partos porque su centros médicos carecen de maternidad. Las embarazadas deben viajar al Brasil continental, lo que supone un salto aéreo, dado que no hay conexión marítima con este paraíso natural y ultraprotegido por la Unesco, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad, a 365 kilómetros de la ciudad más cercana, Natal. Perdido en el Atlántico, el pequeño y remoto archipiélago volcánico es famoso por su reserva natural y sus playas de postal. Toma su nombre de la isla más grande, un santuario ecológico con un portentoso parque marino, con una costa escarpada y gran diversidad de ecosistemas.

Ricos y famosos recalan en este remanso para disfrutar de sus playas solitarias y su riquísima fauna marina: tortugas, rayas, delfines y tiburones de arrecife que nadan en sus aguas cálidas y cristalinas. Limita los visitantes a 120 al día, con un máximo de 420 turistas al tiempo. Entre ellos estuvieron Javier Bardem y Penélope Cruz, que recalaron allí antes de ser padres y huyendo de los 'paparazzi' cuando una revista desveló su romance en otro destino de ensueño, las islas Maldivas. Sus estrictas leyes impiden llegar a la isla en barco y prohiben atracar a los cruceros. A este rincón del paraíso se vuela desde Recife, capital de Pernambuco, o desde Natal, capital de Rio Grande do Norte.

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