«Hay que mejorar la prestación por hijo; es básico para combatir la pobreza infantil»

María Luisa Carcedo, durante la entrevista, en su despacho del Palacio de la Moncloa./Virginia Carrasco
María Luisa Carcedo, durante la entrevista, en su despacho del Palacio de la Moncloa. / Virginia Carrasco
María Luisa Carcedo

Alta Comisionada para la lucha contra la pobreza infantil, las ayudas económicas son su receta para combatir lo que califica de «problema estructural» | La primera ha sido destinar diez millones este verano al plan para garantizar las necesidades de los 375.000 niños que se encuentran en España en situación de «carencia severa»

ROCÍO MENDOZAMadrid

María Luisa Carcedo (Asturias, 1953) es la responsable del flamante Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil creado por el nuevo Gobierno socialista. De larga trayectoria política con el PSOE, Carcedo se crió en la cuenca minera asturiana y ejerció como médico de familia. «Digamos que no vengo de un barrio rico», advierte. Así, aunque no la haya sufrido, la pobreza infantil no le resulta algo lejano. Ahora tiene la oportunidad de poner en la agenda política lo que define como «un problema estructural de país». Como muestra de que su Alto Comisionado es un departamento con objetivos reales, el Gobierno ha anunciado su primera gran medida: destinar 10 millones de euros al plan para atajar la pobreza infantil y garantizar las necesidades alimentarias durante el verano para los 375.000 niños que se encuentran en España en una situación de «carencia severa», según ha informado la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá, al término del Consejo de Ministros.

-¿Cómo ha cambiado la imagen desde que en sus años de médico de familia conociese a familias con necesidades hasta el momento actual? ¿Existe un perfil del niño pobre español?

-La pobreza infantil se agudizó mucho con la crisis a consecuencia de la reducción de las rentas del trabajo y del desempleo. Se hizo más evidente en las familias trabajadoras. Actualmente existe un problema de la visibilización de estos niños. El niño pobre no se corresponde con la imagen del niño harapiento, sino con el que crece en familias con carencias importantes. De alimentación, de ropa, de compra de libros... Afortunadamente, con el desarrollo del estado de bienestar, los servicios básicos los tienen cubiertos. Pero con los recortes de la crisis también se produjo un deterioro en el acceso a los servicios públicos, a las prestaciones... El parón al ascenso social también se agudizó en estos años. Por eso es necesario seguir combatiendo las desigualdades. Los niños pobres de hoy pasan a ser los pobres de mañana, pasan a tener los peores empleos porque sus desventajas no les otorgan las mismas oportunidades de formarse y de acceso a todo que al resto.

-La cifra de pobreza infantil es hoy superior a 2008. ¿Por qué se estanca la mejora en este grupo cuando en general los indicadores revelan que el país sale de la crisis?

-En general, todas las familias con hijos tienen un riesgo de pobreza superior a la media nacional al tener que soportar más carga de gastos. Por ello hay que mejorar las prestaciones por hijo al cargo y las políticas de familia. El 40% de los parados están en riesgo de pobreza, pero también los trabajadores. Más del 14% de los que tienen empleo comparten esta situación porque las rentas del trabajo también han caído. Por eso los niños son el grupo de edad con más riesgo. Un riesgo que es superior en familias monoparentales, y sobre todo, en monomarentales. Cerca de la mitad de este último tipo de familias está en riesgo de pobreza en España.

-Las oenegés del ramo reclaman una subida de la prestación por hijo a 100 euros al mes. Ahora es de 24,5 euros, algo más de 291 al año. ¿Lo ve posible?

-Es una de las soluciones que proponemos. El incremento de las prestaciones por hijo. Es una de las maneras básicas de combatir la pobreza infantil.

-¿Pero en qué porcentaje sería necesario aumentarlas?

-Bueno, esto habría que trabajarlo en el próximo presupuesto porque este ya está cerrado. Nosotros proponíamos una mejora escalonada del ingreso mínimo vital en función del riesgo de pobreza.

-¿Tiene un cálculo de cuánto supondría presupuestariamente?

-Lo teníamos presupuestado teóricamente. Pero ahora hoy que trabajarlo presupuestariamente para el próximo 2019.

-¿Y teóricamente cuanto era?

-Es mejor no concretar cifras ahora.

-¿Pero cree que se podría afrontar?

-Sí y además es necesario porque la pobreza infantil es uno de los objetivos a combatir por este Gobierno.

-Por qué ahora la pobreza infantil sí es una cuestión de Estado .

-Uno de los objetivos de este Alto Comisionado es poner en la agenda política este asunto. Esto es algo muy difícil, entre otras razones, porque los niños no votan y ni ellos ni sus familias, marcadas por la marginalidad o la exclusión, tienen la capacidad de movilización que sí tienen otros grupos de población. Colocar este asunto en la agenda, pensar en él y considerarlo como un problema estructural de país es uno de nuestros objetivos. Al mismo tiempo, tenemos que identificar cómo se está incidiendo en la desigualdad en general y, en particular, cómo se está generando la pobreza para proponer medidas. También hay que estudiar cuál es el impacto de las medida sociales. Porque los niños corren la suerte de sus familias.

-¿Cree que se alzarán voces en contra de aumentar el gasto social? ¿Cómo las contrarrestaría?

-Con datos. Esto es un problema serio. Un tercio de nuestros niños se encuentran en hogares que viven con recursos que están por debajo del umbral de la pobreza; esta es la dimensión del asunto. Nuestro país tiene el riesgo de prescindir de un tercio de su talento, de sus posibilidades de futuro y, por tanto, de su capacidad de competitividad si no hace nada por estos niños. En EE UU estudiaron el impacto en el PIB de la pobreza infantil y ronda el 5%. Es lo que cuesta la pérdida de salud, de oportunidades, el riesgo de delincuencia... En definitiva, todos los aspectos negativos de la exclusión social. Por eso es muy importante que deba entenderse como una inversión y no como un gasto. Los países que tienen un estado de bienestar social desarrollado ya están trabajando en eso, en inversión social.

-En paralelo a la prestación, ¿qué otras políticas cree necesarias?

-La primera es la Educación. Entre las medidas a adoptar para corregir el grave deterioro de la igualdad de oportunidades, están el cambio en las becas. Hay que reorientarlas las becas. Deben favorecer el acceso a los niños con menos recursos económicos; no deben ser premios de excelencia académica. Introducir ese concepto fue un error tremendo. Es cierto que esto se ha rebajado bastante, pero aún existe este concepto. Nuestra idea es recuperar el sentido de las becas.

-¿Qué importancia tienen actividades como los campamentos de verano que ahora anuncia al Gobierno como primera gran medida para los niños sin recursos, las extraescolares u otras actividades?

-Es una cuestión de desventajas. Si no acceden a ello, son desventajas que acumulan con respecto al resto y que influyen negativamente en su desarrollo integral de cara al futuro.

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