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Miles de manifestantes llenaron el centro de Logroño

Manifestación de la Coordinadora Huelga Feminista a su paso frente al Palacete de Gobierno. :: JUSTO RODRÍGUEZ/
Manifestación de la Coordinadora Huelga Feminista a su paso frente al Palacete de Gobierno. :: JUSTO RODRÍGUEZ

Las citas más multitudinarias fueronpor la noche, aunque la tensión reivindicativa se mantuvo todo el día | Mujeres de todas las generaciones y muchos hombres se echaron a la calle para pedir la igualdad de oportunidades para ellas, sus hijas y sus nietas

María José Lumbreras / Luismi Cámara
MARÍA JOSÉ LUMBRERAS / LUISMI CÁMARALogroño

«Seguiremos luchando hasta que todas, todas, todas, seamos libres». Fue el último lema, el último aviso del último acto de un histórico Día de Internacional de la Mujer. Con esta concreta declaración de intenciones de cara a un futuro que las protagonistas de ayer pretenden que cambie (y en el que quieren ser y se sienten parte imprescindible) se cerró la manifestación organizada por la Coordinadora Huelga Feminista. Fue la más tardía en ponerse en marcha y la que acabó uniendo a los que se habían congregado en la Plaza del Mercado y los que decidieron sumarse a ella tras formar parte de la que salió desde la Glorieta del Doctor Zubía. Así, tomaron Portales y la Gran Vía con una sonora y reivindicativa marea teñida de morado a la que se le veía la cabeza pero sólo se podía adivinar la cola en la lejanía.

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Justo a las diez de la noche se ponía punto y final a una jornada en la que miles de mujeres (y también muchos, muchos hombres) salieron a la calle. Lo hicieron a través de las numerosas iniciativas que se convocaron. Las más multitudinarias fueron las que se celebraban a última hora de la tarde. Hasta 15.000, según la organización, se dieron cita en torno al llamamiento de la 'Plataforma 8 de Marzo', que partió a las siete y media de la Glorieta. Fue tal la «abrumadora» asistencia que el recorrido previsto se quedó pequeño y se fue improvisando sobre la marcha otro que llevó a pasar de Sagasta por la avenida de La Rioja a Gran Vía y, de ahí, al Palacete y de vuelta a la Glorieta. Y lo mismo pasearon juntas juveniles que mujeres que podían ser sus madres y sus abuelas. La pancarta fue de la mano de las féminas de las organizaciones de la plataforma. Los chicos se hicieron a un lado. «Todas fuertes, todas unidas, invencibles», se coreó en las escaleras del Sagasta tras la manifestación, que ya en ese momento había perdido público en favor de la otra que también recorrió las calles a parecida hora. Porque lo de unidas, unidas... que más hubieran querido muchas de las participantes en las marchas, que andaban preguntándose las causas de las dos convocatorias.

Horas antes, desde las 13 horas, la manifestación estudiantil había reunido a cerca de dos mil jóvenes frente al rectorado y, luego, de marcha por la avenida de La Paz hasta llegar a la Delegación del Gobierno, donde concluyó con una sentada. Ellas encabezaron la manifestación. Los chicos que se sumaron, que los hubo, se quedaron un poco más atrás. La marcha accedió al entorno de la plaza del Ayuntamiento y a La Glorieta al grito de «que no, que no, que no tenemos miedo, que no», aunque tampoco faltó el «estamos hasta el culo de tanto tío chulo» o «no te lamentes, enséñale los dientes». Su paso suscitó, en más de un tramo, aplausos de quienes iban por la acera.

Algo antes, a eso de las doce, hubo varias citas, entre las que destacó la que se produjo en la puerta del Palacio de Gobierno de Vara de Rey 3. Algunos centenares de personas se congregaron bajo numerosas pancartas de UGT y CCOO. Allí estaban igualmente los representantes socialistas. Los asistentes, en este caso, tantos hombres como mujeres, también a la hora de agarrar la pancarta, fueron más de mediana edad. También a esa hora, en el Rectorado se juntaban unas trescientas personas, que si profesores, que si investigadores, que si personal de la UR. CCOO, STAR y UGT celebraban «la gran participación» un rato después en una nota. Y USO llamó a reunirse, como otros años, frente a la estación de autobuses.

Pese a los desacuerdos, la suma final deja un poso de esperanza. Ahora hace falta que, como comentaba una señora, «nadie les corte las alas».

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