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Las jefas más dulces de la 'casa'

Empleadas de la fábrica Francisco Moreno trabajando en la planta de producción de fruta escarchada y confitada de Calahorra. :: m.c.
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Empleadas de la fábrica Francisco Moreno trabajando en la planta de producción de fruta escarchada y confitada de Calahorra. :: m.c.

El 95 por ciento de la plantilla de la conservera Francisco Moreno, de Calahorra, es personal femenino Las mujeres ocupan todos los cargos de mando en la planta de producción y la mayoría de los puestos directivos de la empresa, fundada en el año 1902

I. ÁLVAREZ

calahorra. Fátima El Merzoug tiene 27 años, habla varios idiomas y desde hace cinco meses está al frente del departamento de ventas internacionales de la fábrica de conservas vegetales Francisco Moreno, de Calahorra. Su trabajo es ahora el centro de su día a día. Mª Pilar Solana lleva en la empresa desde 1975 y se jubilará en apenas unos días. Ambas representan a dos generaciones de trabajadoras, motores de una empresa centenaria, que contribuyó en sus orígenes a la incorporación de la mujer al mercado laboral en Calahorra y su comarca.

«El trabajo se encuentra ahora en la primera línea de mi vida», sostiene Fátima, recién aterrizada de la feria ISM Colina en Alemania, una de las mayores muestras especializada en el mundo de dulces y aperitivos.

Allí ha presentado la nueva gamas de productos terminados, principalmente cítricos chocolateados, por la que apuesta esta empresa conocida por sus frutas escarchadas, glaseadas y confitadas. «Son tres procesos delicados» con un «fuerte carácter artesanal», que tradicionalmente «se han transmitido de mujer a mujer», explica Jesús Iborra, director general de la empresa.

LAS FRASES Jesús Iborra Director general «Se tiene en cuenta la valía, independientemente de que sean mujeres o hombres» «Que te digan que su abuela estuvo trabajando aquí es algo que ya está sucediendo»

No resulta por ello sorprendente que el 95% de la plantilla de la fábrica sean mujeres y que en muchos de los casos sean «la tercera y hasta la cuarta generación de trabajadoras de una misma familia», dice Iborra . «Que te digan que su abuela estuvo trabajando aquí es algo que ya está sucediendo», comenta este empresario navarro.

De las 53 personas que componen la plantilla, 43 son mujeres (35 empleadas fijas y 8 eventuales). Para Fátima El Merzoug, es «algo muy normal». «Nos entendemos muy bien y hay muy buena comunicación», valora esta joven.

En la fábrica, fundada en 1902, la presencia de la mujer no sólo es mayoritaria en la planta de producción sino que también marca el carácter del equipo directivo. «La jerarquía a nivel de planta está organizada y planificada por mujeres», indica el director general. El equipo directivo cuenta también con nombres femeninos en Calidad (Eva Martínez), Administración (Conchita Hita) y en los departamentos de ventas nacionales e internacionales (Gemma Gracia y Fátima El Merzoug, respectivamente).

Jesús Iborra al frente de la dirección general; su hermano Juan Iborra como subdirector, y un directivo financiero (Diego Martínez) y otro informático (Óscar Moreno) son los nombres masculinos que completan el resto del equipo de mando en la empresa.

En producción, el puesto de jefa de planta lo ocupa Marina López, quien cuenta con el apoyo de otras cuatro mujeres como encargadas de sección (escarchado, envasado, selección de fruta y escurrido). En la distribución de los cargos lo que «se tiene en cuenta es la valía, independiente de que sean mujeres o hombres», precisa Jesús Iborra.

Formación

Este aspecto ya era tenido en cuenta cuando en los primeros años del siglo XX el conservero local Francisco Moreno puso en marcha la fábrica. «Entonces ya se les daba formación a las mujeres no sólo en procesado y manipulación de la fruta, sino también en el manejo de maquinaria», apunta el director general de la planta. El progreso en los procesos también ha venido de la mano de las mujeres: «Luego ellas han ido mejorando y evolucionando a lo largo de los años y transmitiéndolo a nuevas compañeras», añade.

Ese relevo generacional dentro de la empresa ha dado como resultado que «los familiares guarden muy buenos recuerdos». Y eso, al fin y al cabo, es motivo de orgullo para esta marca conservera: «Es bueno que haya esa especie de herencia positiva», valora Iborra.

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