El cementerio nuclear de Villar de Cañas condiciona el desmantelamiento de Garoña

Vista de la central nuclear de Garoña./Afp
Vista de la central nuclear de Garoña. / Afp

La obra acumulará más de 4.000 toneladas de residuos radiactivos, pero sólos de más activos se quedarán en un almacén junto a las instalaciones

J. LUIS ALVAREZMadrid

Una vez definido el futuro de la central nuclear de Garoña, su plan de desmantelamiento está condicionado por la paralización del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de Villar de Cañas, en Cuenca. Los planes que el Ministerio de Industrial tenía en 2011 pasaban por llevar a la localidad manchega el combustible gastado, por lo que, como solución provisional tendrá que ampliarse el tamaño del Almacén Temporal Individualizado (ATI) que actualmente está en fase de construcción en la central burgalesa, ubicada en el valle de Tobalina. El coste de todo el desmontaje se aproximará a los 300 millones, más del doble de lo que en 2013 se presupuestó para su cierre. Las obras se prolongarán durante una década.

Y es que la vieja central nuclear, inaugurada en 1970 y parada desde diciembre de 2012 a la espera de que se decidiera su futuro, plantea el problema de qué hacer con las más de 4.000 toneladas de residuos radiactivos que se generarán, a los que se suman los 218 de alta actividad que almacena la piscina que existe en la central. Fuentes de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) explicaron que tras el anuncio del cierre se está preparando la documentación para «la solicitud de autorización de desmantelamiento y la transferencia de la titularidad de la central nuclear». Estos trabajos serán realizados de manera conjunta con la empresa titular de la instalación, Nuclenor. Unos permisos que el Gobierno tendrá que certificar y en los que el estudio de impacto ambiental será fundamental.

Una victoria para el ecologismo

Quienes más celebran el cierre de Garoña sondo las organizaciones ecologistas. La responsable de la campaña de energía nuclear de Greenpeace, Raquel Montón, afirma que el desmantelamiento de la central burgalesa «abre definitivamente la puerta hacia el fin de la energía nuclear en España». «Garoña cierra porque la ampliación de su vida no es rentable, pero lo celebramos porque cerrar las nucleares es más seguro y rentable que darles más licencias», asegura. «Las futuras generaciones merecen un futuro sin más residuos nucleares, sin más accidentes nucleares y con un modelo energético seguro, limpio y justo», añade Montón.

La demolición de Garoña proyectada en 2011 hacía referencia desde la retirada de los equipos, la descontaminación del material, la separación del material según su grado de radiactividad y su traslado para su reciclaje o almacenamiento. Todo estabas en función a lo recogido en el Sexto Plan General de Residuos Radiactivos 2007-2070 que ya advertía que el cierre de las centrales «puede verse notablemente dificultado (incluso impedido)» por «la existencia o no de capacidades suficientes de gestión para el combustible gastado». Por este motivo, el Plan advertía que en el futuro «se requiere la existencia de instalaciones específicas, con carácter temporal, como serían las propias del ATC».

Por el momento, el almacén de Villar de Cañas, donde ya se han invertido más de 77 millones, está paralizado a la espera de que se autorice el proyecto tras la nueva declaración de impacto ambiental presetada. El ATC está paralizado desde 2015, cuando Castilla-La Mancha amplió los lindes un espacio natural próximo para bloquear la construcción. El Supremo anuló en enero pasado esta decisión del Gobierno regional al prevalecer sobre éste la «seguridad nuclear».

De las piscinas a los ATI

Hasta 1982 España reprocesaba el combustible nuclear en Francia o Reino Unido. Solo en 1989, tras el accidente, se trasladó el combustible de Vandellós 1 a Francia. Desde entonces junto a los reactores, según explica el Plan General, existen piscinas en la que se almacena por periodos variables de tiempo el combustible gastado. El almacenamiento tiene un periodo de caducidad de 50 años.

 Para evitar que esas piscinas se saturen -están al 80% de su capacidad- comenzaron a construirse Almacenes Temporales Individualizados (ATI), como los que ya existen en las centrales de Trillo, Ascó y Zorita, ambas en Guadalajara y la última, además, en fase de desmantelamiento. En el caso de Garoña se inició el año pasado su construcción del almacén, proyecto que por razones obvias deberá de ser ampliado.

En estos ATI, según explicaron las mismas fuentes, se amacena el combustible gastado en contenedores fabricados de metal u hormigón-metal. En el caso de Trillo, el almacén consiste en naves como muros y techos de homigón, prácticamente búnkers a prueba de catástrofes naturales, con capacidad para 80 contenedores. En Zorita se trata de una losa de hormigón armado rodeada de un vallado. Ascó también cuenta con dos losas de hormigón.

En el caso de Garoña, la declaración de impacto ambiental del ATI proyectaba una instalación para albergar 32 contenedores de combustible, con una capacidad de 2.256 toneladas. En ellos habrá que guardar el material de alta radiactividad de la central. El resto de materiales contaminados de Garoña viajarán hasta el cementerio nuclear de El Cabril, en Córdoba.

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