Sólo los más jóvenes y los más fieles prolongan la fiesta en la zona de bares, que entre semana registra una 'entrada' bastante floja
El corazón de la farra matea descansa para afrontar otro intenso fin de semana
Marcha, marcha / DÍAZ URIEL
La calle Mayor ya no es lo que era. Sigue siendo la misma, está en el mismo lugar y continúa acumulando la misma cantidad de bares que hace unos años... pero la noche matea no es ni tan intensa, ni tan multitudinaria como antaño. ¿Problemas para pedir una copa? Ninguno. ¿Problemas para localizar al despistado de la cuadrilla? Los mismos. «¿Dónde está la gente? ¿A qué hora se sale ahora?». Las preguntas no encuentran respuesta. Casi casi no encuentran ni destinatario.
«Antes la Mayor era otra cosa». El comentario, nada inocente, lo confirma quien ha superado la treintena con cierta holgura. No hace falta remontarse mucho más allá en el tiempo. Y es que antes la calle Mayor acumulaba durante todas la madrugadas mateas a más vecinos que el resto de la ciudad.
Ayer a más de un bar le salió caro abrir. Seguro. Tampoco tuvieron su mejor noche los vendedores ambulantes -cada vez menos-, los de rosas -que porfían su fortuna al grado etílico del abordado, única opción para que alguien pague un par de euros por una rosa de papel- y los puestos de comida ambulante.
Vale. El ambiente no era multitudinario. Pero en pequeña escala era festivo y repetía las tradiciones consolidadas durante las últimas décadas: botellón en la plaza del Parlamento y en las paredes de la Biblioteca; quinito en un par de bares y música pachanguera en todos los locales.
La Mayor ha cambiado, sí; y también su 'corazón'. El cruce de Sagasta con Marqués de San Nicolás ayer era un simple punto de paso y el 'punto de encuentro' se trasladó a la desembocadura de Martínez Zaporta en la calle Mayor. Punto de encuentro, sobre todo, de los 'relaciones públicas' de los bares -en esto también ha cambiado la Mayor- con promesas de copas de calidad y baratas (si es que ambos factores pueden concurrir en el mismo recipiente). O la noche ya no es lo que era, o nosotros ya no somos lo que éramos... Va a ser lo segundo.