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Guillermo Alejandro, el primer rey del siglo XXI

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Guillermo Alejandro, el primer rey del siglo XXI

El príncipe asumirá el 30 de abril el trono de Holanda consciente de que los nuevos tiempos acarrearán cambios en la función de las monarquías

03.05.13 - 09:59 -
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Guillermo Alejandro, el primer rey del siglo XXI
Guillermo Alejandro, durante la inauguración del Centro de Innovación Heinz. / Efe

Guillermo de Orange, que ha decidido subir al trono con el nombre de Guillermo Alejandro y así librarse del IV que le hubiera acompañado en su reinado en caso de quedarse con el Guillermo a secas, ha hablado para el que en unos días será su pueblo. Y ha demostrado que tiene la lección bien aprendida. Plantarse una corona ya avanzado el siglo XXI, en medio de una crisis que parece haber llegado para no irse, poco tiene que ver con, por ejemplo, la época en la que lo hizo su madre. Entonces, pocas voces críticas alzaban la voz; ahora, hasta se ha puesto en marcha un comité de malvenida a los futuros reyes de los holandeses. Ellos, Guillermo y Máxima, respetan y asienten.

El 30 de abril se iniciará la renovación de las monarquías en Europa, con la abdicación de la reina Beatriz. Renovación, no revolución. Bien es cierto que no es el primer soberano que accede al trono en este siglo, pero tampoco lo es menos que el resto de herederos estarán atentos a los cambios que anuncia Guillermo Alejandro, a sus primeros pasos y decisiones como monarca de los Países Bajos. Ellos, y no por orden, Federico de Dinamarca, Haakon de Noruega, Felipe de España, Victoria de Suecia, Felipe de Bélgica, incluso Carlos de Inglaterra, serán los siguientes que deberán demostrar que el país los necesita, que el papel de la monarquía ha de seguir vigente. Es consciente el hoy príncipe de Orange, y así lo expresó en una entrevista en la televisión de su país, que “la única constante de la monarquía es que cambia”.

Con unos índices de popularidad desbordados, que superan el 75% de aceptación entre sus compatriotas, la Casa Real holandesa goza de una salud envidiable. Y quizás por eso, porque sabe que llega al trono con más aceptación que rechazo, se atreve a decir, alto y claro, que “respetaré cualquier decisión del Parlamento sobre el papel que ha de jugar la monarquía, siempre y cuando ello se haga de forma democrática, incluso si se acuerda que la monarquía debe de ser puramente simbólica”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que, y valga la redundancia, en medio de una crisis que parece haber llegado para no querer irse, resulta más difícil de justificar todo, como las asignaciones públicas a las familias reales. Sirva como ejemplo el caso de España, donde la Casa Real, de forma voluntaria, dado que el Gobierno no tiene potestad para ello, ha decidido acogerse a la Ley de transparencia.

Se le preguntó sobre gastos, recortes, y el rey en ciernes no se escondió: “Es difícil de cuantificar nuestra asignación y el que la decide es la presidencia del Gobierno. Si hay ajustes, debemos pensar que la mayor parte del gasto es por la gente que trabaja para nosotros. Y eso son puestos de trabajo”.

A los príncipes herederos se les conoce como los de la eterna sonrisa. Desde que anunciaron su compromiso, se casaron y luego iniciaron su labor de representación de la Corona, han recibido alguna que otra crítica, como por la adquisición de una casa en Mozambique de la que tuvieron que desprenderse por la presión popular. Pero también han recibido numerosos elogios por su cercanía. Y parece que eso no cambiará a partir de la próxima semana, cuando, en vez de príncipes, serán reyes; en vez de altezas, su tratamiento será el de majestades. “No soy un fetichista del protocolo. La gente puede dirigirse a mí con el tratamiento con el que se sientan más cómodos”, remarcó el príncipe Guillermo ante las cámaras de televisión. “A mí todo el mundo me llama Máxima, así que… no importa el título, reina o princesa, lo importante es lo que representamos”, bromeó la princesa argentina.

Los futuros reyes de Holanda, que mantienen una relación excelente con el resto de herederos europeos (de hecho, son quienes siempre dan el primer paso para organizar encuentros privados en común), se conocieron en Sevilla, en 1999, en la Feria de Abril. En febrero de 2002 se casaron, sin la presencia de los padres de la novia, por el pasado de su padre en la dictadura de Videla, que, por cierto, tampoco acudirá a la coronación. Son padres de tres hijas: Amalia, que con 9 años se convertirá en la heredera europea más joven y quien, según su padre, “sabe muy bien lo que significa mi entronización. Me ha preguntado cuánto tiempo iba a estar en el puesto”; Alexia, de siete, y Ariana, de seis. Y de momento, la nueva Familia Real seguirá residiendo en su residencia de Wassenaar. Cuando lo consideren oportuno, sin fecha aún decidida, se trasladará al Palacio Real. Dicen que todo cambiará a partir del 30 de abril, pero que harán lo posible para que nada cambie.

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