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España, desde el burladero

debate sobre el estado de la nación

España, desde el burladero

Un parado se habrá quedado igual que estaba ayer cuando ha escuchado de boca de Rajoy que el barco no se ha hundido

28.02.13 - 11:42 -
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En contra de lo que Rajoy sostiene no hay peor argumento para la actualidad que lo previsible. Y si lo previsible es aburrido peor aún, y si lo aburrido además no es creíble, entonces el efecto es el contrario y no sirve para calmar a la opinión pública que no está para un discurso tan complaciente como el que Rajoy ha pronunciado en su primer Debate de la Nación como presidente. Ha contado que él y su Gobierno han evitado el desastre para España -el rescate, vamos-, pero gobierna una nación en la que hay seis millones de españoles instalados en el desastre. Un parado se habrá quedado igual que estaba ayer cuando ha escuchado de boca de Rajoy que el barco no se ha hundido.

Hemos hecho, hemos conseguido, hemos trabajado…Y lo que no hemos hecho es porque lo que nos dejó el anterior Gobierno lo hizo imposible. No ha querido taparse en el burladero de la herencia recibida, pero ha sido desde ahí desde donde ha hilado su intervención. Rajoy es un verbo en pasado para lo bueno y lo malo, para lo que es de otros y también para lo suyo; lo es incluso para dar un dato tan bueno como que el cierre del déficit de 2012 quedará por debajo del 7%. Y otra vez al pretérito: Si no hubiéramos hecho, si no hubiéramos pensando…

La intervención de Rajoy, aplaudida sin emoción por sus diputados, irrita a millones de ciudadanos que no se pueden reconocer en una visión tan posibilista como la escuchada. Mucha literatura política, pocos hechos; buena voluntad, escasa convicción. Así ha estado un presidente al que hay que reconocerle que tiene convicciones sólidas, pero que están por debajo de su poder de persuasión y puesta en escena.

Llevaba Rajoy 70 minutos y aún no había hablado de lo que hablan los españoles, la corrupción que apunta al PP y otros partidos. Me repugnan los casos de corrupción, dice, y yo le creo. Pero ese no es el asunto; un asunto que ha tocado de perfil, con guantes de látex, como si los Bárcenas, Gürteles y Sepúlvedas fueran cosecha de otro partido. Las medidas propuestas, no excluyentes con otras que escucharemos, son un rosario de buenas voluntades que ya hemos escuchado antes. Rajoy niega que haya un estado general de la corrupción. Bien, que vaya a las hemerotecas. “España es un país limpio que lo está pasando mal”, asegura. No a lo primero, sí a lo segundo, señor presidente.

En el último debate de Zapatero como presidente, Rajoy, después de una brillante intervención, le espetó a un dirigente ya hundido ¿Por qué tenemos que confiar en usted? Cómo se vuelven las palabras contra quien las pronuncia. Esa misma pregunta tras lo oído esta mañana se pueden hacer millones de españoles sin necesidad de que esta tarde la pronuncie Rubalcaba.

Por lo demás, felicidades a los autónomos. Ya era hora de que alguien evitara ese contradiós que es pagar el IVA de una factura no cobrada. Y esto, debemos reconocerlo, también es cosa de Rajoy.

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