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Malí: La guerra casi secreta

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Malí: La guerra casi secreta

París ha optado por una discreción que raya en censura por razones que solo pueden ser supuestas, razonadas o intuidas

23.02.13 - 12:34 -
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Malí: La guerra casi secreta
Soldados malienses en Konna. /Afp

La guerra en Malí está resultando ser la menos vista del siglo. ¿No advierte el lector una falta de imágenes del todo infrecuente tras la virtual retransmisión en directo de las de Afganistán y, sobre todo, de Irak?

Por razones que son un misterio, y que los colegas franceses no entienden pero contra la que tampoco han organizado la huelga de brazos caídos que merece la conducta de su gobierno, todo lo que se sabe del conflicto sobre el terreno es lo poco que cuentan los lacónicos partes militares y en materia de TV unos inútiles y repetidos planos de vehículos franceses partiendo de la capital, Bamako, hacia el norte,

En esas pocas imágenes se anotó, eso sí, que los peatones de Bamako y los vecinos de la carretera escogida aplaudían a los soldados galos cuya presencia, ciertamente, ha sido muy bien recibida por el grueso de la población. Así pues, París ha optado por una discreción que raya en censura por razones que solo pueden ser supuestas, razonadas o intuidas.

La sobriedad, un arma

La principal de tales razones puede ser el temor a que algo termine por ir mal, lo que es poco probable salvo en el registro crítico de la seguridad de los siete franceses en manos de los movimientos terroristas que han formado la coalición en el Norte (Aqmi, Muyao y Ansar el-Din), todos islamistas pero diferenciados por los especialistas, un hecho que pronto se hará notar… o se nota ya: el Mujao (“Movimiento por la Unicidad y la Yihad en África Occidental”) hizo saber ayer que desea negociar la liberación de un francés que tiene en su poder desde noviembre.

Hay que recordar que los otros seis están, para su desgracia, en manos de Aqmi (“Al Qaida en el Magreb Islámico”), que ha dado pruebas de un endurecimiento reciente y mantiene capacidad militar pese a divisiones internas y secesiones, como la encabezada por Mojtar Belmojtar, argelino y responsable del ataque a la planta de gas en suelo argelino hace algunos días.

Sobre el particular no hay una reacción oficial en París, pero se da por sobreentendido – y eso ayuda a explicar la extrema sobriedad francesa – que directamente o vía intermediarios, París confía en hacer el milagro de compatibilizar la derrota de los yihadistas en el Norte (que se da por segura con las conquistas de Gao y Tombuctú en los próximos días) con la seguridad de los rehenes.

La soledad de París

El perfil bajo, pues, se extiende a todos los aspectos de la intervención militar que no se televisa, pero tampoco se utiliza políticamente por el gobierno del presidente Hollande, ni se convierte en un estandarte motivador de alguna clase de movilización nacional y ni siquiera pide asistencia. En esa estrategia, que presenta considerables ventajas, puede insertarse también la así llamada soledad francesa en la operación que, en realidad, obedece a la decisión gala de minimizar lo que sucede hasta casi esconderlo…

Hay, además, una aproximación técnico-política al asunto que exige secreto: si la UE no se involucra militarmente y todo se limita a un asunto francés y africano no sería posible recibir de modo abierto la asistencia militar eventualmente necesaria si el conflicto tiende a prolongarse. En Washington lo saben bien y el gobierno Obama se debate entre ayudar a un socio (de la OTAN por más señas) enfrentado a Al Qaida y la fuerte corriente hostil a las aventuras exteriores que se ha impuesto alli tras Iraq y Afganistán.

Obama ha telefoneado a Hollande y le ha mostrado solidaridad y estima por su decisión y en su edición de ayer el “New York Times” revela que hay un equipo en Washington examinando qué hacer militarmente para echar una mano. La opción principal es garantizar el abastecimiento en vuelo de los aviones franceses y dar – seguir dando para ser exactos – toda la información de inteligencia producida por satélites y aviones sin piloto…

Esto es un mínimo decoroso compatible con la convicción de que el Sahel está muy lejos de Washington y de que Al Qaida es allí una amenazada manejable. El artículo termina con una notable apreciación a cargo del general Carter Ham, jefe del “US-Africom”, con competencia regional en el asunto, y según el cual “aunque a todos nos gustaría ver al Norte de Malí libre de Al Qaida y los demás, de modo realista, lo mejor que podemos lograr es contener y desorganizar de modo que Al Qaida ya no sea capaz de controlar el territorio” (…)

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