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El tesorero intrépido

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El tesorero intrépido

Luis Bárcenas conquistó el Everest, escaló solo el Mont Blanc y bajó el Aneto esquiando. Entre cumbre y cumbre, manejaba el dinero del PP. Hasta que el caso Gürtel lo tumbó

07.04.13 - 13:33 -
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El tesorero intrépido
El extesorero del PP, Luis Bárcenas. / Archivo

Luis Bárcenas Gutiérrez es un tipo misterioso, tan discreto y oscuro que hasta hace un año apenas existía. En su pueblo natal, Calañas (Huelva), no saben nada de él. En Cantabria, la región por la cual ha sido senador durante seis años, apenas le han visto un par de veces. En la Cámara Alta, jamás ha intervenido, pocos recuerdan habérselo encontrado por los pasillos y las actas sólo registran su presencia habitual en las votaciones. El nombre de Luis Bárcenas Gutiérrez sólo era conocido -y temido- en los intestinos del Partido Popular, cuyas cuentas manejaba desde hacía treinta años.

Pero, cuando estalló el caso Gürtel, periódicos y televisiones fueron ajustando el foco sobre el tesorero del PP, a quien el cabecilla de la trama, Francisco Correa, supuestamente aludía en sus anotaciones como "L.B.", "L. Barc." o "Luis el Cabrón". De pronto, Bárcenas tuvo que salir de su cómoda penumbra y se encontró dolorosamente expuesto a la luz pública, increpado por adversarios externos e internos que pedían a gritos su cese y asediado por una investigación cada vez más minuciosa, que no encontraba explicaciones legales para su abultado patrimonio. Como si protagonizara una novela de suspense, fue dimitiendo por capítulos: el 28 de julio de 2009, renunció «de manera temporal» a su cargo de tesorero; el 8 de abril de 2010, decidió darse de baja en el Partido Popular; y el 19 de abril de 2010, al ver que la tormenta se recrudecía, abandonó el escaño, recogió sus papeles y se retiró «para siempre» de la vida política.

Asfixiado por las pruebas, acorralado por la Justicia y perseguido por la prensa, Luis Bárcenas seguramente buscará oxígeno en la montaña. Ya lo hizo durante la primera instrucción del caso Gürtel, cuando empezaban a llover flechas sobre su cabeza. Un día, el todavía tesorero del PP salió de Madrid, cogió el coche, enfiló hacia los Pirineos, subió el Pico Aneto (3.404 metros) y lo bajó esquiando. Su pasión por el alpinismo contrasta con su imagen madrileña. Devoto de los trajes de corte clásico, su silueta de dandi trasnochado, siempre impoluto, sin una arruga, con el pelo bañado en gomina, generaba incluso suspicacias entre algunos compañeros de juventud, que lo veían como la quintaesencia del pijo madrileño. Sin embargo, quizá eso le ayudara a ganarse la confianza de los grandes veteranos del partido, que pronto cayeron enamorados de su seriedad, de su rigor y de su discreción. Así comenzó, a los 26 años, la fulgurante, aunque "secreta", carrera política de Luis Bárcenas Gutiérrez.

El primer renglón de la biografía oficial de Luis Bárcenas se escribió el 22 de agosto de 1956 en Calañas, Huelva: un pueblo de 5.000 habitantes, enclavado en la comarca minera del Andévalo, en las estribaciones de Sierra Morena, a unos 60 kilómetros de la capital. «Dicen que nació aquí, pero nadie lo conoce. Ni a él ni a su familia», aseguran a V varios vecinos del lugar.

Estudió Ciencias Empresariales en la Universidad Pontificia de Comillas (Icade) de Madrid, donde trabó amistad con Luis Fraga Egusquiaguirre, un bilbaíno algo más joven que él, sobrino del expresidente de la Xunta de Galicia y también alpinista. Con Fraga compartió desde entonces clases, aventuras políticas, lecturas (ambos disfrutaban con Joseph Conrad y Jack London) y, sobre todo, montaña. Mucha montaña. Los dos amigos no se contentaban con ir de excursión los fines de semana por la sierra madrileña; ellos buscaban la adrenalina de la pared vertical, el reto de las cordilleras escarpadas y la intensa emoción de conquistar una cumbre esquiva.

Con la bandera en la cumbre

En 1987, Fraga y Bárcenas organizaron, con el apoyo de las Cajas de Ahorro Confederadas, una expedición que trataba de abrir una nueva vía en el Everest. Incluso pensaron en llevar consigo un parapente para descender planeando desde la cima del mundo. Finalmente, formaron un valioso grupo de alpinistas con el que subieron al coloso, sin oxígeno, por la vertiente norte. Nació así la vía española de acceso a la cumbre. A su regreso, se creó cierto revuelo, porque hubo quien dudó del éxito de la aventura, pero, como asegura en su blog el histórico montañero César Pérez de Tudela, «la ruta, paralela a la japonesa, era indiscutible».

Cuando Luis Bárcenas plantó la bandera española en la cumbre del Everest, llevaba ya cinco años trabajando para la entonces Alianza Popular. Se había incorporado al partido en 1982 y pronto se ganó la estima del entonces tesorero, Ángel Sanchís, que lo convirtió en gerente. Bárcenas ha vigilado las cuentas del partido con Manuel Fraga, Antonio Hernández-Mancha, José María Aznar y Mariano Rajoy, aunque él siempre ha defendido que su perfil era más «profesional» que político. Tal vez por eso salió indemne del "caso Naseiro", el primer problema interno con el que tuvo que lidiar José María Aznar. Aunque finalmente, y por un defecto en la instrucción del caso, el Supremo archivó el expediente, la investigación, basada en unas escuchas telefónicas, se llevó por delante a Rosendo Naseiro, entonces tesorero del PP, y a su antecesor, Ángel Sanchís. Para poner orden en las cuentas, Aznar, que acababa de coger las riendas del partido, recurrió a un dirigente histórico, Álvaro Lapuerta (Madrid, 1927), que recibió las llaves de la caja fuerte y redobló la confianza en aquel joven alpinista tan discreto y efectivo. «Sólo tengo palabras buenas para él -afirma Lapuerta-. Era el mejor. No sólo tenía una gran preparación, sino que era muy riguroso. En su vida privada no sé, pero en su relación con el partido fue completamente honesto».

Entre el debe y el haber, Luis Bárcenas tuvo tiempo para casarse con Rosalía Iglesias Villar (de quien sólo consta su afición por las antigüedades) y para criar dos hijos. También siguió embarcándose en nuevas expediciones con su amigo Luis Fraga, ahora senador por Cuenca. Ascendieron el Monte Olimpo, en Grecia (2.917 m.), y el Elbrus, la cima del Cáucaso (5.642 m.), que de nuevo bajaron esquiando. Bárcenas incluso escaló en solitario el Mont Blanc (4.810 m.), durmiendo en los refugios de la vertiente francesa. Tan pronto se lanzaba en parapente como trepaba por una pared de hielo. Le apasiona el "heliski": un deporte extremo que consiste en subir con helicóptero a una cima y lanzarse desde allá con los esquíes. Cuando sus obligaciones lo retenían en Madrid, acudía regularmente a un gimnasio. «Luis es un hombre serio que sabe concebir muy bien sus actividades de montaña. Es un buen esquiador y un alpinista impecable», valora César Pérez de Tudela. De apetito frugal, le gusta tomar una copa de vino (preferiblemente de Rioja) en las comidas. Sus colaboradores le definen como un hombre paciente, que jamás pierde los estribos, pero duro en las negociaciones y escrupuloso a la hora de cuadrar las cuentas.

Heredó la tesorería del Partido Popular en 2008, cuando Álvaro Lapuerta decidió jubilarse. Para entonces ya ocupaba un escaño en la Cámara Alta por Cantabria, región con la que no mantiene ningún vínculo personal y por la que no aparece salvo en campaña, pero en la que encontró acomodo electoral gracias a su amistad con Francisco Álvarez Cascos.

Ahora, Luis Bárcenas Gutiérrez ya no es nada. Sólo un expolítico con mucho patrimonio, imputado en el caso Gürtel, y un alpinista entusiasta que añora los viejos tiempos. Aquellos en los que era un tipo oscuro, tan discreto que apenas existía.

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