Una vez más, hoy se celebra el Día Internacional contra el tráfico ilícito y el uso indebido de drogas. Normalmente, los medios de comunicación suelen utilizar su archivo para añadir imágenes que pueden variar, desde los reportajes sobre los botellones de los jóvenes, los alijos de los que se incauta la policía o las macrofiestas en discotecas, con sus consiguientes datos de ingresos en urgencias.
Pero, aunque estas informaciones son necesarias para que todos estemos informados de las consecuencias negativas del consumo de drogas, este año nosotros queremos, con nuestra experiencia de 20 años, contar otro tipo de imágenes que nos han dejado las historias de las personas que han acudido a tratamiento, las fotografías que va dejando una adicción en su entorno y a lo largo de su vida.
Así, podemos decir que el retrato de una adicción no es sólo una jeringuilla usada, unas pastillas que pasan a la entrada de la discoteca, una mesa llena de latas de cerveza y cartones de vino vacíos o unas rayas dispuestas en una mesa de cristal. Ya no. El problema de la adicción no es de una persona. Los problemas con las adicciones están en el colegio, en la pareja, en el trabajo, en la familia y en la sociedad, en el deporte, en la cultura, en el ocio, en la salud, en la economía.
El retrato de una adicción es un niño de tres o cuatro años que está empezando a tener problemas en el colegio, que se ha vuelto muy rebelde, que rompe los juguetes, que no se relaciona con sus compañeros y, si lo hace, acabará pegándose con alguien; que ha vuelto a hacerse pis encima, que no quiere irse a la cama... Ese niño tiene muy probablemente un padre o una madre con un problema de adicción grave. Uno de sus padres está ausente, se muestra muy impaciente con él cuando está, gritándole que no le moleste. A ese niño, ese padre (o madre) le ha prometido muchas veces que lo va a llevar al parque a jugar, a ver el mar, que va a hacer los deberes con él, que le va a llevar al cumpleaños de su amigo del cole. Pero no cumple lo prometido. Se le olvida. Y si uno de sus padres está ausente, el otro está nervioso, preocupado, llora de impotencia y de dolor. Pero el niño es tan pequeño que no es capaz de entender qué pasa. Siente que no le quieren y que a lo mejor ha hecho algo malo o que él es malo y que por eso no le quieren.
Este retrato también es el de una pareja de un solo miembro. El otro no está; quiere más a las drogas que a la persona a la que juró amor y fidelidad. La relación está basada en la mentira y en el reproche; ha terminado por hundir en la soledad y en el dolor al que se queda, creyéndose sus mentiras y asumiendo una culpa que no tiene y que le impide contarlo a los amigos o a la familia; además tiene que asumir las responsabilidades de la casa, la economía, los hijos. y encima ocultar y tapar qué es lo que realmente está pasando.
Otra fotografía que solemos ver es la de una reunión familiar en la que hay una mesa repleta de un montón de platos que alguien ha estado preparando durante muchas horas. Están todos callados; hay una silla vacía. No ha venido, no ha llegado aún a casa, ni siquiera ha llamado. Otra vez. Todos le echan de menos, no saben ya qué hacer, lo han intentado todo: echarle broncas, hablar para que les cuente qué le pasa, ofrecerle su apoyo y su ayuda.
También forman parte de este retrato situaciones como una partida de mus con tres, un teléfono que no contesta, una reunión en la que hay un hueco, una entrada de cine que no se usa. Es el grupo de amigos. No entienden por qué, pero hace ya mucho tiempo que no disfrutan de él o de ella. Ya no llama, ni coge el teléfono, ni se preocupa por ellos. Y si viene alguna vez, está como ausente; se ha perdido las últimas novedades: quién se ha comprado una casa, quién ha cambiado de trabajo, quién se casa.. Le han dicho muchas veces que se va a matar o que va a matar de un disgusto a alguien, pero no les hace caso. Se han enfadado con él, pero siempre le perdonan. Esperan que algún día cambie.
Y, por último, hay una cama de hospital. La única que debería estar vacía es la que precisamente está ocupada. En cardiología, neurología, traumatología, medicina interna o en psiquiatría. La persona que la ocupa es alguien derrotado, se siente solo, impotente, frustrado, hundido, culpable; tiene miedo. No sabe qué hacer. Tal vez ahora vea a su hijo, a su pareja, a su hermano, a sus padres o a sus amigos y decida hacerles caso y cambiar.
Lo que hemos contado es la historia de todos aquellos que han pasado por nuestras vidas durante estos 20 años y que han conseguido salir del hospital, interesarse por sus amigos, ocupar la silla y con ello el vacío que tenía su familia, volver a tener su papel en la pareja, ir a las fiestas de cumpleaños y al parque con sus hijos. En definitiva, superar su adicción, reconducir su vida, ser felices.