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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Opinión

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Estimado señor director: Entiendo que la nueva normativa sobre animales de compañía en nuestra ciudad ha sido aprobada con buena voluntad, lo que no exime de ser injusta. Hay perros muy bien educados, algunos más que muchas personas que conozco, mientras que otros, no. Pero de esto tienen culpa los dueños siempre. Y limitar la posibilidad de no atar a los perros en los parques municipales en horario de 22 a 8 horas me parece una medida desmesurada. Le explico. Es un viernes laborable por la mañana, hace un sol abrasador que hace que no vuelen ni los pájaros. En el Parque de San Miguel no hay absolutamente nadie. ¿Debo, obligatoriamente, atar a mi perro, como dicta dicha normativa? En ese mismo parque, ese mismo día, a partir de las 22 horas, a pesar de que puedo dejar libre a mi perro, hay mucha gente aún en el parque, sobre todo en verano (terrazas, columpios, paso de transeúntes...). Y no se me ocurriría dejar suelto a mi perro entonces, por mucho que me lo permitiera el Ayuntamiento de Logroño, primero, para que no moleste a nadie y, también, para que él no pueda ser increpado. Es curioso, pero se acercan más niños maleducados a mi perro (que le intentan torear como si fuera un Miura, que le gritan y le tiran palos sin que quiera jugar con ellos) que a los que se acerca él por propia voluntad, que es a ninguno. Dicho esto, me gustaría que el Ayuntamiento reconsiderara la normativa sobre animales de compañía, ya que hay muchos perros educados que no pueden molestar jamás a nadie, que pueden estar sueltos en los parques a cualquier hora y sin ningún problema. No todos los dueños de perros somos iguales y, al final, se acaba siempre castigando al más indefenso, al perro. Así pues, ¿qué problema hay en soltar a un yorkshire en el parque de San Miguel a las 11 de la mañana? El Ayuntamiento lo impide. Lógicamente, un dogo no puede andar suelto por la Gran Vía, pero que un chihuahua no pueda correr a su aire por un parque... Por favor, corrijan este gran error, una cosa es que Logroño quiera ser la ciudad de las personas y otra que sea la ciudad antiperros. Multen a quienes no recojan los excrementos, a quienes suelten a perros peligrosos, por mí, hasta a quienes no llevan al día la cartilla veterinaria, pero no nos eximan de poder disfrutar de nuestros buenos animales en los parques. No me hagan confiar cada día más en lo que dijo el poeta: cuanto más conozco a las personas, más amo a mi perro.

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