Hoy celebramos el Día Mundial de Lucha Contra la Homofobia y Transfobia, un año en que se consolidan las legislaciones que dan la plena igualdad a homosexuales y transexuales. Afortunadamente, nuestro país es pionero en leyes efectivas que otorgan los mismos derechos a su ciudadanía independientemente de su sexo, raza, religión, ideología y orientación e identidad sexual. Pero no nos engañemos, cada vez más son los adolescentes, progenitores e instituciones que denuncian que en nuestras aulas existe intolerancia, como así lo recoge el informe realizado por el Ararteko donde alerta de «preocupantes muestras de intolerancia» en forma de sexismo, racismo, xenofobia u homofobia. Según este informe del 2009, las manifestaciones públicas de afecto en una pareja homosexual generan rechazo en un 42,7% de los niños encuestados. Y es otro dato destacable del informe el que hace referencia al rechazo que sufren los inmigrantes: tres de cada diez alumnos del segundo ciclo de Primaria afirmó que prefiere que no haya niños inmigrantes en su clase.
Tanto el grupo joven de la asociación AMPGIL-Rioja (Madres y Padres de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) como informes revelan que en las aulas la orientación e identidad sexual de adolescentes homosexuales y transexuales son en demasiadas ocasiones motivo de incómodo silencio, burlas, insultos, discriminación o incluso de violencia, tal y como indican muchos estudios. Se da por hecho que todo el alumnado es heterosexual, en la relación educativa y entre el propio alumnado.
En una sociedad como la nuestra, que trabaja por la igualdad y pretende acabar con la discriminación, la intervención en el ámbito educativo es irrenunciable, pues la educación en valores, en el respeto a la diversidad, es una herramienta básica para acabar con el problema de raíz.
Porque es el desconocimiento y la ignorancia la que fomenta la mayor parte de las discriminaciones. La incorporación de la diversidad afectivo-sexual y familiar en la educación asegurarían un espacio de respeto e igualdad.
Por eso no podemos quedarnos en las escuelas, debemos trabajar también con las personas adultas y hacer pedagogía social. Porque cuando una persona descubre su homosexualidad, su transexualidad o su bisexualidad no debe temer por la reacción de los suyos, y tal y como constata el informe 'Jóvenes LGTB', realizado por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, el 22% de nuestros y nuestras jóvenes sufren violencia psicológica o física en el seno de sus familias.
Otro mundo es posible si entre todos enseñamos a nuestros menores valores en camino de la tolerancia a los demás, pero este otro mundo sólo es posible con el trabajo de Todas y Todos.