Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

Opinión

TRIBUNA

La autora reflexiona sobre el papel que el profesorado, la sociedad y las administraciones deben asumir en la educación de los jóvenes

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Violencia escolar y autoridad
L a cosa se ha puesto seria; hemos asistido recientemente a varias noticias que tienen como denominador común la violencia en el ámbito educativo. Alumnado que amenaza, insulta y llega a agredir a sus compañeros y al profesorado. Éstos y otros hechos parecidos ya pasados nos resultan demasiado significativos como para no detenernos a analizar la situación y tratar de extraer algunas conclusiones.
En los casos de violencia entre iguales, esto es, en los que han afectado al alumnado, la cosa no es menos grave.
La irrupción agresiva de la televisión y el tratamiento sensacionalista de los hechos han contribuido a darles una dimensión general que no ayuda a evitarlos, sino tal vez, incluso, a magnificarlos. Entrevistar a los agresores, dar publicidad a sus amiguetes, o emitir las imágenes de los hechos, grabadas por los cómplices, pueden llegar a estimular a aquellos cuyo objetivo es ser 'famoso', salir en la tele, más que contribuir a la búsqueda de soluciones eficaces.
Si bien los hechos son aislados, aunque indeseablemente cada vez más frecuentes, no conviene minimizarlos en cuanto que pueden ser síntomas de una enfermedad incubada. ¿No serán, de algún modo, el producto de una sociedad que se llena la boca de alabanzas a la importancia de la educación, pero que la desprecia en sus prioridades a la hora de tomar decisiones?.
Paradójicamente, la universalización del sistema educativo se ha producido en paralelo al desarrollo de una sociedad que parece despreciar el esfuerzo, el saber y la cultura, ensalzando a quienes obtienen éxito económico rápido y prestigio a fuerza de hacer gala de su 'burrimia', convertidos en estrellas de los medios de comunicación tan sólo por su comportamiento incivil. El estudio y la constancia no aseguran el reconocimiento y la promoción social; en cambio, desde miles de espejos en los que la población más joven se mira, la especulación, la venta de la intimidad, la falta de educación y respeto, el todo vale y la picaresca en su peor versión, sí.
La mayoría de los modelos a imitar por los y las adolescentes proceden de los medios de comunicación. Empachados de los periplos de las Melenes Stephan de turno, Javierines de Fabrique, Antonietas Delarte y demás personajes variopintos dedicados a hacer dinero fácil a costa de 'cuanto peor, mejor', muchos jóvenes contemplan ese estilo con naturalidad y hasta con admiración.
La sociedad parece haber renunciado a educar en su globalidad; se delega en los centros educativos y en el profesorado para que se ocupen de todo; la tutela de los hijos ha dejado de ser una prioridad o una imposibilidad -tal es el ritmo laboral de muchas familias-, o tal vez, los valores que se trasmiten en casa no sean, en muchos casos, los más adecuados.
Los centros educativos no son guarderías en las que tener al alumnado recogido... El profesorado ha de ejercer como tal y no puede ni debe asumir tareas que no le corresponden, especialmente aquéllas relacionadas con la seguridad. Los centros educativos son, por definición, lugares de libertad donde se educa en la responsabilidad y en el respeto a los demás, donde se aprende que las leyes, por ser democráticas, han de proteger a todo el mundo, pero en especial a los débiles y en donde los bárbaros han de sentirse marginados. A pesar de todo, cientos de miles de jóvenes, acuden a clase todos los días y se comportan con normalidad, con sus compañeros y con su profesorado.
Por otro lado, algo ha hecho mal la ciudadanía en general si existen otras personas adultas capaces de agredir a las personas que están ayudando a sus hijos a crecer. Sin el respeto social que se merecen, los centros educativos dejarán de serlo para convertirse en otra cosa. Miles de profesoras y profesores soportan la presión social, sin apoyo institucional y con bastante desorientación, pero con la voluntad de luchar contra el temporal hasta que el cuerpo aguante. Y no debería ser así ni un día más.
A la sociedad le toca reflexionar y exigir los cambios pertinentes en los distintos ámbitos. El STE-Rioja exige para el profesorado las medidas que garanticen el ejercicio del trabajo en condiciones de seguridad y sosiego y soluciones para dignificar la tarea educativa y para erradicar ciertos despropósitos.
Aunque tales propuestas, realizadas a modo de diagnóstico de situación, se refieren a problemas reales que se dan en el ámbito escolar, nada se dice de las 'otras' responsabilidades: ¿Qué hay de las políticas educativas seguidas por las diferentes Administraciones? ¿Qué valores se aprenden a través de los potentes medios de información y comunicación? ¿En qué condiciones se dan las relaciones familiares? ¿Qué formación recibe el profesorado para adaptar sus enseñanzas a los tiempos actuales? De eso, ni una palabra.
La educación es asunto complejo, de nada vale la simplificación. La reforma del código penal para endurecer las sanciones a quienes agredan al profesorado investido de 'autoridad pública' servirá para reprimir con mayor dureza actitudes agresivas que de ningún modo se pueden consentir. En este sentido, puede que tengan un efecto disuasorio inmediato. Bienvenido sea, pero no aportará nada para mejorar las condiciones que rodean el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es imprescindible contar con las medidas que ayudan a prever los conflictos, a mejorar la convivencia.
La complejidad de la docencia se abordaría en mejores condiciones con más y mejores medios, reducción de las ratios por aula en todos los niveles educativos para una mejor convivencia, con otros profesionales distintos a los docentes, como son mediadores escolares, responsables de salud, cuidadores, acompañantes... con una mejor formación, con una mayor consideración social del profesorado, con un reconocimiento de la importancia social del profesorado, con el refuerzo de la autoridad del docente, con los mecanismos legales y educativos adecuados para solventar con eficacia los posibles conflictos en las aulas.
Definitivamente, hacen falta más recursos materiales y humanos para atender adecuada e individualizadamente a la enorme diversidad de alumnado y para poder impartir una enseñanza de calidad.
Mientras no se produzca una apuesta clara por la educación pública y por sus trabajadores y trabajadoras, seguiremos navegando en el terreno de los parcheos y de las medidas propagandísticas.
¿O acaso, a estas alturas, la solución infalible a los problemas educativos vamos a encontrarla en una tarima y en un «Buenos días, don... Buenas tardes, doña...?

Encuesta »
¿Cree que se debería cerrar el aeropuerto de Agoncillo?
No
Vocento
SarenetRSS