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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Opinión

TRIBUNA

El consejero reflexiona sobre las tareas pendientes de España en el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior

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Bolonia, objetivo 2010
D esde el año 1988 en que se firma la Carta Magna Universitaria, pasando por la Declaración de Bolonia en 1999, hasta la reciente reunión mantenida por los ministros de Educación en Lovaina, han transcurrido 21 años a largo de los cuales han tenido lugar una serie de hitos de especial significado para la adaptación de la educación superior española al espacio europeo de educación superior, todos ellos tendentes a alcanzar una fecha que, a medida que se acerca, va a adquiriendo un carácter casi totémico y hasta apocalíptico: ¡el año 2010! Uno tiene la impresión (impresión al fin y al cabo) de que con la llegada del 2010 se va a producir algún fenómeno de carácter mágico y transformador que va a colocar a esta sociedad de seres humanos en la que vivimos en una situación de excepcional trascendencia: 2010 es la meta para llevar a cabo una serie de reformas en el campo de la formación y la educación, ya sea permanente, ya sea superior, ya sea para la prevención del abandono escolar, ya para la puesta en marcha de políticas conducentes a alcanzar unas metas que pudiera parecer que no han sido nunca objeto de análisis y reflexión por generaciones anteriores.
Numerosas son las voces, y voces autorizadas, que han achacado a España un considerable retraso en el establecimiento de las condiciones necesarias para alcanzar con solvencia esa adaptación. Esas voces las pudo escuchar el ministro de Educación de España con motivo de su asistencia a la VI Conferencia de Ministros de Educación del Espacio Europeo de Educación Superior, reunión bienal de seguimiento del proceso que tuvo lugar los pasados 28 y 29 de abril en Lovaina. En esa reunión, Ján Figel, comisario europeo de Educación (sin lugar a dudas refiriéndose también a España) dijo: «en algunos lugares de la unión europea se ha hecho una mala interpretación de esta reformas». A lo que Ángel Gabilondo respondió, según las crónicas, que «en vez de defendernos hay que pensar en cómo mejorar e incidir en algunas direcciones». Pues bien, sin que tengan un carácter exclusivo, veamos en qué direcciones se propone que debamos incidir.
- En primer lugar, es necesario aclarar que la adaptación mencionada es una iniciativa que debía y debe liderar el Ministerio de Educación ahora, o el de Ciencia y Tecnología con anterioridad y, en ocasiones, se ha dejado traslucir que este Ministerio descansaba en las iniciativas que iban tomando las diferentes comunidades autónomas, y que en nuestro caso no han tenido otro fin que el que los alumnos obtuvieran la información y generaran por sí mismos el conocimiento suficiente que les permitiera posicionarse ante esta importante renovación que afecta a la estructura de la educación superior.
- En segundo lugar, es necesario incidir en el fomento de la movilidad de los estudiantes. Éste es el principal eje, el eje rector, del proceso de adaptación al espacio europeo. Pero debemos tener cuidado con que los árboles nos impidan ver el bosque. Por ello, debemos procurar no sólo promover la movilidad europea, la movilidad exterior de nuestros alumnos, sino también hacer posible que se lleve a cabo la movilidad interior, es decir, entre universidades de nuestro país, porque es evidente que es insostenible que todas las universidades puedan ofertar todas y las mismas titulaciones. Y esta movilidad interior puede llegar a plantear dificultades, en la medida en que ha desaparecido el catálogo de títulos y en su lugar aparece un mero registro de títulos. La solución a esta dificultad, que en absoluto es irresoluble, pasa por el establecimiento de una clarificadora tabla de convalidaciones y/o reconocimiento de créditos entre los planes de estudio de las cinco ramas de conocimiento, cuestión ésta en la que no se ha insistido en los términos aconsejables y que contribuiría a amortiguar las críticas promovidas por los estudiantes universitarios y no universitarios.
- Además, es necesario que este proceso de adaptación se vaya impregnando de otros matices complementarios y enriquecedores que transmuten la fecha del 2010, tan cercana ya, a otros momentos futuros, ya que si alcanzamos esa fecha sin otros referentes de peso posteriores se podría derivar la conclusión de que el esfuerzo desplegado no ha merecido la pena. Es decir, el proceso no se debe agotar en sí mismo sino que se debe desplegar en diferentes campos de actuación que estén íntimamente relacionados con el lugar y el espacio que deba ocupar y que, de modo consensuado, se le reserve a la educación superior. En este sentido, y teniendo en cuenta el importante peso que en este proceso se está reservando para la investigación (cuestión imprescindible, desde luego) no se debe olvidar que se enseña lo que se investiga y se investiga lo que se enseña. O lo que es lo mismo, que la docencia debe seguir teniendo su parte fundamental en la generación y transferencia del conocimiento.
- Así mismo, se deben fortalecer los lazos de colaboración con la sociedad, impulsando las aportaciones de los consejos sociales. La sociedad debe participar activamente en la universidad en la medida en que las universidades son de la sociedad y no de quienes está en ellas. Es una tarea imprescindible el conseguir que la universidad y la sociedad se pongan de acuerdo sobre qué hacer y cómo hacer aquello que se acuerde hacer, sin recelos ni limitaciones infundadas. Y si por ello se corre el riesgo de ser acusado o acusada de mercantilizar la enseñanza superior, debemos asumir que es un riesgo necesario, siempre y cuando hayan quedado previamente definidos los caminos que cada institución va a recorrer.
- Es necesario seguir fomentando el acceso a la educación superior, siempre y cuando se entienda y se acepte que la educación superior no es sólo y exclusivamente la educación universitaria. Desde este punto de vista, se debe proseguir en el establecimiento de conexiones e interdependencias entre las diferentes ofertas formativas, de modo que todas las personas puedan establecerse su propio itinerario formativo y se posibilite de esta manera el aprendizaje a lo largo de la vida. En definitiva, los planes educativos deberían reservar una parte importante de su contenido para dar respuesta a las necesidades de formación de las personas, haciendo realidad el principio de que cada persona es única e irrepetible (siempre que aceptemos que la educación no sólo es la que nos identifica y nos diferencia del resto de seres vivos, sino también del resto de seres humanos).
- Por último, y para concluir, es necesario incidir en la financiación. Para que la movilidad de los estudiantes sea efectiva, tanto la exterior como la interior, dice el ministro Gabilondo que es necesario «pensar en una adecuada política de becas» y «buscar fórmulas efectivas de financiación». Al establecer la conexión entre ambas expresiones se infiere que el Ministro se refiere a la financiación únicamente de las becas. Pero, sin embargo, nada dice del coste que va a suponer la reforma de la estructura de las enseñanzas universitarias que, como todo el mundo sabe ya, además de desaparecer las diplomaturas y licenciaturas, pasan de 3-5 a 4 años. Esta modificación, en el caso de la Universidad de La Rioja, afecta a la práctica totalidad de las titulaciones que imparte y su coste se irá definiendo a medida que se vayan implantando cada titulación. A la vista de lo anterior, es necesario que hablemos de la financiación de esa reforma, como también es necesario que lo hagamos de otras que afectan a otras enseñanzas que se engloban en la educación superior, como es la implantación de los ciclos formativos de grado superior en formación profesional derivados de la LOE y cuyo coste, por el momento, tampoco está previsto que esté cofinanciado por el Ministerio de Educación y al cual están haciendo frente las comunidades autónomas.
En definitiva, variadas son las direcciones que quedan pendientes por analizar y sobre las que se debe incidir. Cuando el año que viene, en coincidencia con la presidencia de la Unión Europea por parte de España, tenga lugar la reunión que, con carácter extraordinario, se celebrará en las ciudades de Viena y Budapest, esperamos que los resultados que allí se ofrezcan no merezcan, de nuevo, el reproche del comisario de Educación. Ello será indicativo que hemos trabajado y avanzado en las direcciones adecuadas para la mejor implantación de ese espacio común de educación superior porque, como también dice el ministro Gabilondo, al final, quienes deben importarnos a todos, más allá de quienes tengan las competencias, son los ciudadanos.

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