L as universidades están en el corazón del triángulo del conocimiento: educación, investigación e innovación, por ello, el proceso de su adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior más conocido como Proceso de Bolonia, plantea para las mismas importantes retos y también nuevas oportunidades al crear un nuevo escenario de competencia entre universidades.
Estos retos y oportunidades son especialmente relevantes para una universidad joven como la nuestra, que debe hacer frente a un escenario especialmente competitivo.
Algunos de estos retos son desarrollar un sistema de gobierno que garantice la calidad de la enseñanza, lograr un modelo de financiación más adecuado y definir un proyecto investigador propio, así como mejorar la transferencia de conocimiento a la sociedad.
Para enfrentarnos a estos retos, lo primero que debemos reconocer es que todas las universidades españolas no pueden ser iguales, y que cada una tiene que escoger su propia misión, según el contexto geográfico, organizativo y empresarial en el que desarrolla su actividad.
En el caso de la Universidad de La Rioja, dado nuestro tamaño y entorno, esto significa apostar por la vía de la especialización y de la excelencia, potenciando modernos planes de estudio y de docencia, así como nuevas fórmulas de financiación para el desarrollo de nuevos proyectos, que nos permitan aprovechar mejor nuestras oportunidades competitivas.
Por ello, el mapa de titulaciones debe tener en cuenta las demandas de nuestra comunidad y el modelo de universidad que vamos buscando, y también los elementos diferenciadores que podemos ofrecer, para rentabilizar al máximo los recursos de los que disponemos.
A la vez, tenemos la obligación de definir la línea ó las líneas de investigación en las que queremos ser un referente mundial, y que pueden representar una oportunidad para la Universidad de La Rioja.
Para conseguir todo ello, una de las transformaciones que se tendría que acometer sería la actualización del modelo de gobierno y de rendición de cuentas, en la línea ya iniciada en su día con la creación del Consejo Social, tratando de separar las responsabilidades de gobierno de las de gestión y académicas.
Aunque es evidente que un cambio de estas características conlleva grandes dificultades, la Universidad de La Rioja debe avanzar paulatinamente en esta línea, apoyándose en el proceso que hemos abierto para adaptarnos al Espacio Europeo de Educación Superior.
Asimismo, habría que contemplar, la realización de un plan estratégico a largo plazo, que desarrolle nuestro modelo de universidad y que nos permita ligar la financiación de la universidad al cumplimiento de unos objetivos claros, y acordes con las necesidades de nuestro entorno.
En paralelo a la introducción de los cambios comentados en el modelo de gobierno de la universidad, un aspecto importante que debemos contemplar es el papel que le corresponde a la Universidad de La Rioja en la mejora del nivel de vida de nuestra comunidad atendiendo las necesidades de sus distintos grupos de interés.
Para ello, dentro de este proceso de transformación que implica la implantación del Proceso de Bolonia en el que estamos inmersos, la Universidad de La Rioja debe ser una de las universidades españolas pioneras en la introducción del modelo de Responsabilidad Social, que ya han incorporado muchas empresas de gran tamaño, pero que aún constituye una novedad en el mundo de la universidad.
Un primer paso sería que la Universidad de La Rioja desarrollara la definición de su misión, visión y valores, en colaboración con sus distintos grupos de interés, como ya ocurre en algunas universidades de nuestro país, para establecer las características singulares de nuestra universidad en relación con nuestro entorno, y los asuntos que son importantes desde el punto de vista de nuestros grupos de interés.
Como consecuencia de esto, deberíamos establecer mecanismos de rendición de cuentas aún más transparentes y cercanos a las demandas de la sociedad, centrados en los resultados realmente obtenidos por la Universidad a través de indicadores en relación con las funciones que tiene encomendadas, que permitan evaluar los resultados en: educación, investigación e innovación; y las principales preocupaciones de sus grupos de interés: equidad, calidad, eficiencia, relevancia de sus actividades para el entorno económico y social, y sostenibilidad económica del proyecto.