Su producto en poco se parece al cava. José Luis Fernández de Jubera, de Bodegas Faustino, defiende que «el clima y el suelo es más parecido a la región de Champagne y eso, junto a las variedades empleadas, hace que nuestro producto sea más parecido al champán francés». Jorge Muga, avala esa máxima, pero con matices: «No se puede decir que sea como el champán, pero es cierto que no tiene nada que ver con el cava catalán».
¿Y cómo es el cava que sale de las bodegas riojanas? «Se caracteriza por su cuerpo, su sensación de frescura y su acidez», explican en Faustino. «Tienen aromas limpios, una fermentación continua y en boca demuestra su carácter sedoso». Unas cualidades que hacen que prácticamente el 100% de la producción esté comprometida de antemano. Elaboración tradicional y uvas de Rioja -viura, malvasía y garnacha para el rosado- son los secretos de un cava en condiciones de luchar contra las grandes bodegas. En lo que todos coinciden es en que es un producto a potenciar, más siendo La Rioja el segundo productor nacional.
También se han adaptado a las exigencias del mercado y, si hace años era complicado encontrar un cava rosado, ahora es más habitual. Faustino, Mainegra y Benito Escudero han apostado por una línea de rosados -de muy limitada producción- en consonancia con la calidad de cavas tradicionales. El futuro del cava en La Rioja pasa, según señalan Jorge Muga y Diego Pinilla, de Bodegas Bilbaína, «por potenciar un producto que tiene mucho tirón y para el que La Rioja tiene unas condiciones ideales». Combatir la estacionalidad del consumo, es el siguiente gran objetivo.
La producción del cava en España está controlada por el Consejo Regulador del Cava (Vilafranca del Penedés). Desde Cataluña se controlan las producciones de las bodegas riojanas que, en algún caso, han tenido más de un problema para poder formar parte del grupo de productores acreditados. «A base de mucho insistir, logramos ser admitidos», reconoce Abel Suberviola, «y Mainegra fue una de las bodegas pioneras».
Más allá de los estrictos controles tanto de calidad como del proceso productivo -especialmente de la fermentación-, en Muga y en Bodegas Bilbaínas, la doble denominación -junto a la de Rioja- les exige unos controles añadidos y un sometimiento a la normativa más estricta.
Más que un problema, Diego Pinilla y Jorge Muga, creen que ése puede ser su gran aval. «Bilbaínas lleva haciendo cava más de cien años y uno de sus grandes avales es que únicamente podemos emplear uva de Rioja». Con la misma obligación, Jorge Muga se muestra algo más crítico: «Nos tendríamos que olvidar de autolimitaciones para potenciar un producto con mucho interés y tirón».
Ese tirón tiene reflejo en las ventas. El mercado, en ocasiones saturado de referencias, reserva un hueco para el cava riojano. Su consumidor es «muy fiel», asegura Diego Pinilla. También el de Conde de Haro, «que se vende sobre todo en el extranjero», o el de Mainegra, «comercializado especialmente en la zona norte». El boicot al cava catalán en 2004 también ayudó pero sólo para darse a conocer. Las ventas, también entonces, ya estaban cerradas.