Un indicador del grado de desarrollo de una sociedad, afortunadamente poco utilizado, es la cantidad de miedos al futuro que ésta padece y lo alejado que ese futuro se percibe como factible.
En los últimos años, en nuestra sociedad también ha ido incrementándose la cantidad de miedos; así, se escuchan cada vez con mayor frecuencia referencias a las 'amenazas para el modelo social y productivo de la UE' que pueden suponer China e India. También las amenazas terroristas han supuesto, por ejemplo, un incremento en los controles aeroportuarios que todos sufrimos pacientemente. Y están de rabiosa actualidad las amenazas que se ciernen sobre la economía española (ver
Financial Times
1/9/2008 'Los PIGS han dejado de volar') y que contribuyen a incrementar ese miedo que ya decía Livio que facilitaba que se percibieran las cosas más feas de lo que son.
Es cierto que en contextos complejos suele crecer la capacidad de superación del ser humano, pero está menos claro que la mentalidad colectiva de temor a las amenazas que el futuro pudiera deparar sean un vector estimulante para un mayor desarrollo y bienestar futuros.
En realidad, el miedo ha sido un motor de significativas actuaciones en el pasado. Así, por ejemplo, por miedo mataron los hebreos a Jesús, por miedo se ha construido la muralla china, por miedo se estableció la guerra fría, etc. Si bien se podrían buscar aspectos positivos para estas actuaciones, no se induce de modo directo un gran beneficio para la sociedad por estas acciones reactivas.
Sin negar esta realidad, desde la Cátedra de Innovación, Tecnología y Gestión del Conocimiento (CITECO) que han constituido recientemente la Federación de Empresarios, el Gobierno de la Rioja y la Universidad, pensamos que el progreso económico y social de nuestra sociedad se fundamenta cada vez más en la innovación tecnológica y que la inversión de las instituciones en este ámbito es imprescindible. La tecnología es el elemento fundamental para que una empresa desarrolle ventajas competitivas dinámicas y pueda introducirse en mercados internacionales.
Una vez establecida la premisa, la discusión suele situarse en de qué modo se consigue el desarrollo más eficaz de esas ventajas competitivas.
Sin ánimo de ser excluyentes, existen autores (Etzkowitz y Leydesdorff ) que propugnan potenciar modelos de gestión integrales de las actividades de investigación desarrollo e innovación que faciliten su puesta en valor y que exista una planificación estratégica que las integre en el modelo operativo de las instituciones.
El modelo de triple hélice que plantean toma como referencia la espiral de la innovación (frente al modelo lineal tradicional) que establece relaciones recíprocas entre la universidad, la empresa y el gobierno. Estas tres esferas, que antes trabajaban de manera independiente, tienden a trabajar cada vez con mayor frecuencia, en conjunto.
Los actores que intervienen en él son los investigadores académicos y alumnos o personal de administración y servicios, convertidos en empresarios de sus propias tecnologías. Para que los actores puedan actuar se crean una serie de entes como los parques tecnológicos, denominados en este modelo "agentes híbridos de innovación".
Existen ejemplos a lo largo del mundo de organizaciones que han potenciado, por ejemplo, la capacidad de emprendimiento, como podría ser el MIT (Massachusetts Institute of Technology). En general en EE.UU. se ha implantado un modelo desde la mitad del siglo XIX de estrecha cooperación entre las universidades, la tecnología y la economía. Se ha reportado que las empresas fundadas por investigadores, profesores y graduados del MIT supondría, de considerarse un país independiente, la 24ª economía del planeta (4.000 empresas, 1.100.000 empleados, 232.000 millones de dólares de facturación).
Otro ejemplo de universidad emprendedora es la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), que es una universidad privada pero con el 85% del presupuesto aportado por el gobierno belga, tanto de modo directo como por vías competitivas. Basan su éxito en la organización de divisiones de investigación (o grupos) formados por diferentes investigadores y/o alumnos de diferentes departamentos o facultades trabajando juntos, en colaboración con empresas para desarrollar productos o servicios, desde la ingeniería a la biomedicina, pasando por las ciencias básicas. Esta organización es gestionada mediante técnicas empresariales estructuradas con diferentes servicios de interface, gestión de patentes (más de 170 al final de 2003), promoción de diferentes instrumentos como spin-off, etc.
Esto ejemplos muestran un camino de creación de riqueza que parece muy útil a la comunidad que la rodea.
El modelo de triple hélice no tiene en todos los lugares la misma implementación: existen algunas gobernadas por uno de los agentes (el gobierno, en el caso de China; o las universidades, en el caso estadounidense); pero, en todo caso, siempre se puede reconocer, aún dentro de las variantes, la estructura de interrelación entre agentes que caracteriza este modelo.
Este autor considera que aún es preciso añadir más agentes que los mencionados en el modelo de la triple hélice. Además de las universidades, las empresas y la administración, se deben incluir en la ecuación otros agentes intermedios (institutos de investigación, centros tecnológicos o parques científicos). Pero, además de este cuarto elemento, es preciso contar con un quinto esencial: la propia sociedad. En lugar de considerarlo como un sujeto paciente, se precisa un cierto umbral de sensibilidad y de orientación al carácter emprendedor en la misma para que el conjunto de estos cinco elementos pueda producir un sistema estable de creación de valor.
Precisamente de este convencimiento surge la idea de poner en marcha acciones de sensibilización y de difusión de conceptos y modelos exitosos de gestión de la innovación. Así, CITECO se ha propuesto ofrecer un curso de verano que se celebrará los días 11 y 12 de septiembre, alineado con estos objetivos. Permitirá contar con figuras de proyección mundial y gestores nacionales con importantes responsabilidades que nos ayudarán, mediante sus charlas y posteriores debates, a comprender los mecanismos que han resultado claves en otros contextos y que tratarán de estimular nuestra imaginación en parcelas quizás no suficientemente valoradas.