La uva de Rioja del siglo XXI presenta maduraciones, durante el mes de septiembre, con importantes variaciones.
Desde inicio de este mes hasta su final, el grado probable de la uva asciende, en el peor de los casos, tan sólo 2,3º, hasta ser un ascenso de 4º en general. Este progreso no es constante en todos los casos, sino que presenta paradas de casi una semana en las campañas 2001-2003-2005 y 2007.
En la campaña 2006 se ha podido apreciar que la curva es perfecta y la parada ocurre ya a 13,2º de grado probable. Esta parada se prolonga durante quince días, para volver a ascender por sobremaduración con destrucción de antocianos y taninos... Se deduce que nuestro tempranillo sobremaduro tampoco conviene para vino de calidad. El último dato de maduración de La Rioja Alta de que disponemos es en el primer boletín del CRDOC correspondiente a la muestra n.º 11 (Cenicero). Si lo situamos entre los datos del periodo 2000-2007 vemos que en grado es próximo a 10º, superior a esa muestra en esa fecha en 2004, pero inferior a los otros años. Y en peso es superior al valor, en fecha idéntica, a los años 2001 y 2005. Parecido a 2000 y 2004 e inferior a 2002, 2003, 2006 y 2007. Según esto, faltan al menos hoy tres semanas de maduración en ese punto. Sin ánimo de ejemplo, pero sí de testimonio, contamos hoy una de las aventuras técnicas del vino de Rioja en que incurrimos. La pretensión es que los jóvenes vean que caben en esta actividad múltiples actitudes. El 29 de marzo de 1085, el BOR publicaba las normas de calidad de los vinos de Rioja y de ello se derivaba el plan de toma de muestras y de calificación o descalificación de vinos. Pensemos desde un principio que siendo esto bueno para el sector supondría cierto trastorno transitorio para algunos agricultores-cosecheros, pues la expresión "el desconocimiento no exime del cumplimiento de la ley"... debe tomarse con cautela en los países latinos donde, desde siglos, el caciquismo ha administrado la ignorancia.
Así, desde nuestra posición en la Estación Enológica, vinos cómo eran rechazados vinos por defectos técnicos. Durante los primeros años y después del periodo de calificación, realizábamos una cartografía de defectos, dibujando las zonas de vinos rechazados y sus causas. Así un año lo eran por acidez volátil, otro por restos de azúcar y otros por color deficiente. Y determinando el centro de la zona de defectos (zonas que por razones de prestigio actual no expresamos), dispusimos cada año una campaña, por nuestra cuenta, de preparación técnica para evitar nuevos problemas. Estas misiones técnicas las desarrollábamos al atardecer de días de septiembre, en la proximidad de la vendimia y en los locales en que se podía reunir a los interesados.
Resultaron eficaces para evitar desesperación por desconocimiento. Y paralelamente publicamos un método sencillo para saber interpretar los valores analíticos que se expresan en los Boletines de Análisis del Plan de Calificación. Fue una aventura útil y gratificante.
Estas misiones científicas y técnicas pusieron también en evidencia que impartiendo ideas técnicas se incita a la demanda de más ideas técnicas.