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El equipo de Revuelta no se marca fecha límite para comprar el Logroñés y asegura que estudiará minuciosamente la operación antes de decidirse
Miguel Córdoba conversa con Atilano de la Fuente en los pasillos del Ayuntamiento de Logroño. /ALFREDO IGLESIAS
No les apremia la fecha del 17 de julio, día en el que se subastan las acciones del Logroñés, ni les intimida la del 31 de julio, cuando hay que satisfacer todas la deudas con los jugadores que hayan sido denunciadas si la entidad no quiere descender a Tercera División.
En su relación con Hacienda, el grupo Kiluva está pendiente de que acepte el pago fraccionado. Además, ha solicitado inmunidad fiscal, un término nuevo en en la amplia jerga económica del Logroñés. Según ha podido saber este periódico, el Logroñés no tiene ni cuenta de resultados ni balance en los últimos cuatro años.
La inmunidad contempla un paréntesis en la historia del Logroñés. Se establecería un periodo temporal en el que poder presentar cuentas que afecten a la entidad (acreedores). Una vez superada la fecha marcada, no se podría exigir nada al club. La Agencia Tributaria, tampoco. Pero sólo a esos años a los que se otorga la inmunidad. No es sencillo que Hacienda otorgue este privilegio, aunque de momento se ha solicitado. Lógicamente, el Logroñés tendría que volver a elaborar sus números y presentar cuentas para intentar normalizar su situación.
Y no sólo en Hacienda. También en el Registro Mercantil, que permanece cerrado. Aportar toda la contabilidad supondría asumir sanciones por hacerlo fuera de plazo, pero también poder realizar las anotaciones oportunas. Desde el año 2000 el Logroñés vive en esa situación. José Ángel Zalba y José Luis Martín Berrocal siguen siendo los propietarios del Logroñés a efectos de Registro. La sociedad sigue en liquidación con Julio Palacios como máximo responsable, y no actividad, como indica su realidad.
Mucho que estudiar
Miguel Córdoba reconoció ayer que aún están en la primera fase de una operación «muy complicada». Primer paso de un proceso definido y planificado: informe económico, que incluye el futuro deportivo; informe jurídico, dados todos los problemas existentes; negociación y compra.
En este esquema no se habla una fecha límite. ¿17 de julio? «Hay una subasta de las acciones, pero nosotros no vamos a comprar el club antes de esa fecha porque estamos reuniendo mucha información que nos faltaba y que nos falta. Además, tampoco sabemos exactamente la situación de endeudamiento. Conocemos algunos datos, pero necesitamos más, porque pueden existir acreedores que a día de hoy desconocemos. Y su alguien acude ese día a la subasta y compra el Logroñés, será el nuevo propietario de la entidad», indicaba Córdoba con tranquilidad.
Segunda fecha. 31 de julio. Día de pago y día de tensión para el Logroñés desde hace muchos años. «El ejercicio actual es una responsabilidad del actual propietario. Nosotros no somos los dueños de la entidad y no nos vamos a apresurar en la compra. Si se cierra después de esta fecha no hay ningún problema. Hay mucho que estudiar. Nos interesa el Logroñés, pero si entramos, lo haremos con buen pie», comenta el director financiero.
Su opinión y su posicionamiento contrastan con las ideas de Juan Hortelano. El madrileño quiere vender porque no quiere asumir el pago de la deuda de esta temporada. Y si la asume, quiere que la subvención de 240.000 euros de Logroño Turismo vayan a su bolsillo. Pero para que ese dinero salga de las arcas municipales, el Logroñés tiene que estar en condiciones de poder recibirlo... y no es el caso. Existen embargos públicos y privados sobre cualquier capital que ingrese la entidad. Y aquí no vale recurrir a terceras empresas como en la campaña de socios.













