CULTURA
«Cada vez que me siento al piano tengo una pelea conmigo mismo»
El sexteto del pianista gaditano Chano Domínguez actúa esta noche en el Riojafórum, en el concierto 'estrella' del VIII Ciclo de Jazz de Logroño

El pianista Chano Domínguez, durante una actuación en el Festival de Jazz de Vitoria. /E.C.
Chano Domínguez, el hombre que ha dado con la clave de la fusión del jazz y el flamenco, actúa esta noche en el Riojafórum en el concierto más esperado del Ciclo de Jazz de Logroño. El pianista promete «un espectáculo muy vivo, con mucha fuerza, que emociona de verdad».
- La última vez que estuvo en Logroño fue hace ocho años ante una audiencia de unas 200 personas. Hoy regresa para actuar en un auditorio con capacidad para 1.200. Le han pasado muchas cosas en este tiempo, y todas buenas.
- Pues es verdad. Le tengo que dar gracias a la vida por lo bien que me están yendo las cosas y por poder vivir de hacer la música que quiero hacer. En la última década he podido grabar muchos discos, he recogido premios, he notado el cariño del público y he tocado junto a músicos maravillosos.
- Músicos como Wynton Marsalis, Jack Dejonnette, Jeff Ballard... ¿Cuál le ha impresionado más? ¿De quién ha aprendido más cosas?
- He aprendido cosas de cada uno de los músicos con los que he tocado en mi vida. Lo digo sinceramente. Aunque si tengo que destacar alguno voy a citar a Paquito D'Ribera y a Wynton Marsalis. Paquito es maravilloso. La simpatía que tiene ese hombre y cómo la trasmite a través de su arte..., la frescura de su música... Es increíble. Y luego está Wynton, que es un músico con una capacidad de trabajo impresionante, aparte de ser un intérprete supremo. Ha sido un placer tocar con él. Pero, ya digo, cada músico tiene algo. Los propios músicos de mi grupo son gente extraordinaria de la que aprendo cosas en cada concierto.
- Acaba de regresar de Nueva York. ¿Cómo es la reacción del público norteamericano ante un jazz tan alejado de la tradición como es el suyo?
- Antes se sorprendían más. Me refiero a hace unos años, cuando yo no era tan conocido y de repente empezaba a tocar un tema de Monk por bulerías. Les resultaba raro, aunque siempre se mostraban abiertos y receptivos. Ahora creo que la gente que va a mis conciertos ya tiene una idea de lo que va a escuchar.
- ¿Qué es lo que va a escuchar la gente que vaya hoy al Riojafórum?
- Lo que va a escuchar es un sexteto que en realidad está concebido como un doble trío: por un lado el piano-contrabajo-batería típico del jazz; y por otro la percusión, el cante y el baile flamenco. El resultado es un encuentro musical de dos mundos distintos, y lo que siempre tratamos en el escenario es no sólo ofrecer música sino ofrecer un espectáculo. Un espectáculo muy vivo, con mucha fuerza, que emocione de verdad.
- Usted es el hombre que mejor ha sabido mezclar esas dos tradiciones musicales: la del jazz y la del flamenco. ¿Cuáles son los ingredientes de la pócima mágica?
- No lo sé. El flamenco es algo que llevo conmigo desde siempre; es algo natural para mí. Yo creo que en el fondo soy un músico de flamenco, lo que pasa es que un día sentí la necesidad de improvisar y entonces me encontré con el jazz. El jazz para mí ha supuesto un duro aprendizaje y aún creo que no soy más que un aprendiz de músico de jazz y que lo voy a ser toda mi vida, porque el lenguaje del jazz es infinito.
- ¿Se siente más valorado por el mundillo del flamenco o por el del jazz?
- Soy muy fortunado, porque creo que se me valora desde ambos lados. Cuando saqué mi primer disco, en el año 93, tenía mucho miedo porque pensaba que me iban a crucificar tanto unos como otros, pero no fue así, y eso fue un gran alivio y me dio mucha moral. Hay músicos que dicen que no les afecta la opinión de los críticos ni del público. Yo no soy así. Yo creo que el artista crea su obra para los demás, y que sus opiniones, por tanto, son importantes y deberían afectarle de algún modo.
- ¿Considera que ha logrado llevar su música hasta el punto donde quería o cree que su estilo aún está en formación?
- Nunca he pensado en ningún punto ni en ninguna meta. Cada día, cada concierto, es un nuevo reto para mí. Yo no puedo estarme quieto. Cada vez que me siento al piano tengo una pelea conmigo mismo para hacer evolucionar mi música y llevarla más lejos. Estoy seguro de que seguiré evolucionando y que eso se notará en cada nuevo disco y en cada concierto.
- La última vez que estuvo en Logroño fue hace ocho años ante una audiencia de unas 200 personas. Hoy regresa para actuar en un auditorio con capacidad para 1.200. Le han pasado muchas cosas en este tiempo, y todas buenas.
- Pues es verdad. Le tengo que dar gracias a la vida por lo bien que me están yendo las cosas y por poder vivir de hacer la música que quiero hacer. En la última década he podido grabar muchos discos, he recogido premios, he notado el cariño del público y he tocado junto a músicos maravillosos.
- Músicos como Wynton Marsalis, Jack Dejonnette, Jeff Ballard... ¿Cuál le ha impresionado más? ¿De quién ha aprendido más cosas?
- He aprendido cosas de cada uno de los músicos con los que he tocado en mi vida. Lo digo sinceramente. Aunque si tengo que destacar alguno voy a citar a Paquito D'Ribera y a Wynton Marsalis. Paquito es maravilloso. La simpatía que tiene ese hombre y cómo la trasmite a través de su arte..., la frescura de su música... Es increíble. Y luego está Wynton, que es un músico con una capacidad de trabajo impresionante, aparte de ser un intérprete supremo. Ha sido un placer tocar con él. Pero, ya digo, cada músico tiene algo. Los propios músicos de mi grupo son gente extraordinaria de la que aprendo cosas en cada concierto.
- Acaba de regresar de Nueva York. ¿Cómo es la reacción del público norteamericano ante un jazz tan alejado de la tradición como es el suyo?
- Antes se sorprendían más. Me refiero a hace unos años, cuando yo no era tan conocido y de repente empezaba a tocar un tema de Monk por bulerías. Les resultaba raro, aunque siempre se mostraban abiertos y receptivos. Ahora creo que la gente que va a mis conciertos ya tiene una idea de lo que va a escuchar.
- ¿Qué es lo que va a escuchar la gente que vaya hoy al Riojafórum?
- Lo que va a escuchar es un sexteto que en realidad está concebido como un doble trío: por un lado el piano-contrabajo-batería típico del jazz; y por otro la percusión, el cante y el baile flamenco. El resultado es un encuentro musical de dos mundos distintos, y lo que siempre tratamos en el escenario es no sólo ofrecer música sino ofrecer un espectáculo. Un espectáculo muy vivo, con mucha fuerza, que emocione de verdad.
- Usted es el hombre que mejor ha sabido mezclar esas dos tradiciones musicales: la del jazz y la del flamenco. ¿Cuáles son los ingredientes de la pócima mágica?
- No lo sé. El flamenco es algo que llevo conmigo desde siempre; es algo natural para mí. Yo creo que en el fondo soy un músico de flamenco, lo que pasa es que un día sentí la necesidad de improvisar y entonces me encontré con el jazz. El jazz para mí ha supuesto un duro aprendizaje y aún creo que no soy más que un aprendiz de músico de jazz y que lo voy a ser toda mi vida, porque el lenguaje del jazz es infinito.
- ¿Se siente más valorado por el mundillo del flamenco o por el del jazz?
- Soy muy fortunado, porque creo que se me valora desde ambos lados. Cuando saqué mi primer disco, en el año 93, tenía mucho miedo porque pensaba que me iban a crucificar tanto unos como otros, pero no fue así, y eso fue un gran alivio y me dio mucha moral. Hay músicos que dicen que no les afecta la opinión de los críticos ni del público. Yo no soy así. Yo creo que el artista crea su obra para los demás, y que sus opiniones, por tanto, son importantes y deberían afectarle de algún modo.
- ¿Considera que ha logrado llevar su música hasta el punto donde quería o cree que su estilo aún está en formación?
- Nunca he pensado en ningún punto ni en ninguna meta. Cada día, cada concierto, es un nuevo reto para mí. Yo no puedo estarme quieto. Cada vez que me siento al piano tengo una pelea conmigo mismo para hacer evolucionar mi música y llevarla más lejos. Estoy seguro de que seguiré evolucionando y que eso se notará en cada nuevo disco y en cada concierto.













