I MARÍA I MUJER CON MENOPAUSIA PROVOCADA
«La extirpación del útero puede ser un shock, te puedes sentir mutilada»
«Tenía unos calores tremendos y engordé algunos kilos», relata María
Los expertos advierten de que el deseo sexual depende también de un estado cognitivo o psicológico determinado. Por este motivo, Intrinsa se recomienda cuando se han pasado varios años desde la operación quirúrgica en la que se han extirpado el útero y los ovarios. Estas mujeres ya han superado la fuerte carga psicológica que conlleva la operación y se enfrentan a la sexualidad sin complejos ni temores. La clave es convencerse de que hay vida más allá de la menopausia y, sobre todo, hay vida sexual.
Es el caso de María, a la que operaron con 42 años. María llevaba mucho tiempo con molestias y dolores durante la menstruación. «Tenía que quedarme en la cama, era terrible. Mi vida se paralizaba durante esos días», relata. La causa era una endometriosis no diagnosticada: «Me hicieron pruebas y pruebas, pero no acababan de encontrarme el problema». Finalmente, tuvieron que extirparle el útero y los ovarios.
Ella encajaría perfectamente en el perfil al que están dirigidos los parches de testosterona: mujer histerectomizada, menor de 60 años, sin antecedentes o riesgo de cáncer ni problemas cardiovasculares.
«Yo entiendo que puede ser un shock, porque puedes sentirte mutilada, confundida...», un sentimiento que, de hecho, experimentan muchas mujeres. Sin embargo, María también ve el aspecto positivo: «En mi caso, lo había pasado tan mal, con tantos dolores, que me sentí aliviada».
Con el paso de los meses notó los cambios normales que acarrea la menopausia: «Tenía unos calores tremendos y engordé unos kilos», afirma.
Lo normal, aunque no se produce en todos los casos, es que la menopausia provoque además una disminución del apetito sexual, al cortarse el suministro de testosterona.
María lo tiene claro: «Si mi vida sexual se hubiera visto afectada, si tuviera algún problema, lo hubiera consultado con mi ginecólogo».
Hay soluciones, otras posibilidades, y todo parece indicar que los parches de testosterona ayudarán a muchas mujeres a sentir su sexualidad igual que antes de la operación.
Es el caso de María, a la que operaron con 42 años. María llevaba mucho tiempo con molestias y dolores durante la menstruación. «Tenía que quedarme en la cama, era terrible. Mi vida se paralizaba durante esos días», relata. La causa era una endometriosis no diagnosticada: «Me hicieron pruebas y pruebas, pero no acababan de encontrarme el problema». Finalmente, tuvieron que extirparle el útero y los ovarios.
Ella encajaría perfectamente en el perfil al que están dirigidos los parches de testosterona: mujer histerectomizada, menor de 60 años, sin antecedentes o riesgo de cáncer ni problemas cardiovasculares.
«Yo entiendo que puede ser un shock, porque puedes sentirte mutilada, confundida...», un sentimiento que, de hecho, experimentan muchas mujeres. Sin embargo, María también ve el aspecto positivo: «En mi caso, lo había pasado tan mal, con tantos dolores, que me sentí aliviada».
Con el paso de los meses notó los cambios normales que acarrea la menopausia: «Tenía unos calores tremendos y engordé unos kilos», afirma.
Lo normal, aunque no se produce en todos los casos, es que la menopausia provoque además una disminución del apetito sexual, al cortarse el suministro de testosterona.
María lo tiene claro: «Si mi vida sexual se hubiera visto afectada, si tuviera algún problema, lo hubiera consultado con mi ginecólogo».
Hay soluciones, otras posibilidades, y todo parece indicar que los parches de testosterona ayudarán a muchas mujeres a sentir su sexualidad igual que antes de la operación.












