LA TRIBUNA DE LA RIOJA
La era de los dinosaurios

Si bien es cierto que la experiencia es la madre de la ciencia, en la era del conocimiento, del modelo EFQM, del I+D, si no se tiene un talante abierto, adaptativo y comprometido con las nuevas tecnologías, de poco o nada sirve la experiencia, a no ser para entorpecer y perjudicar el avance.
Es más que aconsejable renovarse, implicarse en el tiempo y con el tiempo que nos ha tocado vivir; claro está que si uno no se siente capaz o no está dispuesto a cambiar, o lleva demasiado tiempo apoltronado en el sillón, lo más ético es dejar paso a nuevas generaciones, a mentes más abiertas. La naturaleza que es sabia, a quien no se adapta lo extingue, versus los dinosaurios. Los seres humanos, obcecados, egoístas e idólatras del poder, somos capaces de condenar a nuestros congéneres al retroceso y si es necesario a perder el paraíso con tal de no perder nuestro estatus de especie protegida.
Establece la LO 11/1985, de Libertad Sindical, que «los sindicatos se crean para la promoción y defensa de los intereses económicos y sociales de los trabajadores». CSI-CSIF entiende que la mejor defensa tiene su principal pilar de apoyo en una buena, clara y transparente información. Así que nos propusimos como una de nuestras metas hacer llegar la información a todos los trabajadores y a todos los colectivos del SERIS, con independencia de su afiliación o no afiliación, por:
- Art. 28 C.E.: «Todos tienen derecho a sindicarse libremente».
- Art. 20.1 d) C.E.: «Se reconoce y protege el derecho a comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión».
- Art 20.2 C.E.: «El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa».
Así las cosas y en concordancia con nuestro tiempo y con los medios disponibles, nos comprometimos a informar de todo aquello que a nuestro entender podría favorecer los intereses de los trabajadores del SERIS a través del correo electrónico facilitado por la Administración de la que dependemos y que es financiada por el erario público. También abogamos por una información plural, máxime cuando esa pluralidad está reconocida como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico.
Pues bien, nos lo han prohibido y vetado, sorprendentemente no por iniciativa de la Administración sino por denuncia del sindicato SATSE. Cierto es que la administración se estará frotando las manos de contenta. Todos conocemos la realidad «del divide y vencerás» y «que la información es poder». Qué más quieren: les han servido en bandeja «la cabeza de San Juan». Salomés han existido, existen y existirán.
Pero que no cunda el pánico. Podéis seguir recibiendo información institucional, de organismos públicos o privados, amigos, colegas y compañeros, a los que libremente habéis facilitado vuestra dirección o bien que conozcan la manera de acceder a la misma. Lo único que no vais a recibir es información de las organizaciones sindicales. En estos momentos no sabemos si incitaros a un brindis o a una elegía por la libertad de expresión.
Esta índole de hechos suceden hasta en las mejores familias. Basta con que un partido político tenga una brillante idea para que sus contrarios la vejen, la censuren y urdan todas las tramas y trabas posibles para que no salga adelante. Para después, cuando cambien las tornas, apropiarla y hacerla suya. Debe ser que en su diccionario de la vida, entre otras muchas cosas, no existen los términos lealtad, homólogo o empatía.
Se puede llegar a entender, que no a justificar, a quien sustrae un coche por necesidad, pero nunca a quien lo raya deliberadamente porque es mejor o más bonito que el suyo Este último hecho es actuar como un auténtico cretino (perdón cretino/a, no vaya a ser que nos vayan a denunciar por discriminación sexista).
Por lo tanto, nos han impuesto la vuelta a las chinchetas, los panfletos, tablones, vestuarios. Nos han obligado a una información restringida y soslayada (por lo de mirarla de soslayo y con la intención de que cuando disponga de tiempo me detengo a leerla), a interrumpir en vuestro trabajo y deprisa y precipitadamente soltaros las novedades, a las preguntas de pasillo, a las demandas en corrillo, como los delincuentes o como los escolares intercambiándose papelitos. Nos han condenado al castigo más grave, porque si hay algo peor que la no información es la mala información.
Así las cosas, nos hemos aprovisionado de papel reciclado, plumas de pato y tinta de calamar (es más económico que papel pergamino, avestruz y tinta china) por si acaso tenemos que volver a la época de Cervantes. Aun así estaremos dispuestos a aprender de su ingenio y espíritu abierto, a compartir materiales e instrumentos de comunicación. Así, con un poco de suerte, hasta aprendemos de su buen hacer literario y con un mucho de mala fe o mezquindad también nos censuran, nos prohíben o nos requisan 'La ilustre fregona sindicalista'. Pero lo que no van a impedir es que nos identifiquemos con él en el más absoluto y sincero desprecio por los torquemadas de cada época. «Con la iglesia hemos topado amigos Sanchos».
Pero no os dejéis engañar ni por las apariencias ni por los hechos. La Administración, sea del tipo que sea, no esta ahí para fastidiar, perjudicar ni menguar los intereses de los ciudadanos. Ni a sus dirigentes les pagan por ello, por mucho que algunos se empeñen en manifestar lo contrario. El artículo 103 de la Carta Magna expresa: «La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios ( ) con sometimiento pleno a la ley y al derecho». El cumplimiento de este precepto compete a los poderes públicos, pero, en su defecto, es un deber y una obligación de los ciudadanos la defensa y si es preciso la lucha para hacer efectivo el mismo. La Administración somos, la hacemos y la financiamos entre todos.
Es más que aconsejable renovarse, implicarse en el tiempo y con el tiempo que nos ha tocado vivir; claro está que si uno no se siente capaz o no está dispuesto a cambiar, o lleva demasiado tiempo apoltronado en el sillón, lo más ético es dejar paso a nuevas generaciones, a mentes más abiertas. La naturaleza que es sabia, a quien no se adapta lo extingue, versus los dinosaurios. Los seres humanos, obcecados, egoístas e idólatras del poder, somos capaces de condenar a nuestros congéneres al retroceso y si es necesario a perder el paraíso con tal de no perder nuestro estatus de especie protegida.
Establece la LO 11/1985, de Libertad Sindical, que «los sindicatos se crean para la promoción y defensa de los intereses económicos y sociales de los trabajadores». CSI-CSIF entiende que la mejor defensa tiene su principal pilar de apoyo en una buena, clara y transparente información. Así que nos propusimos como una de nuestras metas hacer llegar la información a todos los trabajadores y a todos los colectivos del SERIS, con independencia de su afiliación o no afiliación, por:
- Art. 28 C.E.: «Todos tienen derecho a sindicarse libremente».
- Art. 20.1 d) C.E.: «Se reconoce y protege el derecho a comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión».
- Art 20.2 C.E.: «El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa».
Así las cosas y en concordancia con nuestro tiempo y con los medios disponibles, nos comprometimos a informar de todo aquello que a nuestro entender podría favorecer los intereses de los trabajadores del SERIS a través del correo electrónico facilitado por la Administración de la que dependemos y que es financiada por el erario público. También abogamos por una información plural, máxime cuando esa pluralidad está reconocida como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico.
Pues bien, nos lo han prohibido y vetado, sorprendentemente no por iniciativa de la Administración sino por denuncia del sindicato SATSE. Cierto es que la administración se estará frotando las manos de contenta. Todos conocemos la realidad «del divide y vencerás» y «que la información es poder». Qué más quieren: les han servido en bandeja «la cabeza de San Juan». Salomés han existido, existen y existirán.
Pero que no cunda el pánico. Podéis seguir recibiendo información institucional, de organismos públicos o privados, amigos, colegas y compañeros, a los que libremente habéis facilitado vuestra dirección o bien que conozcan la manera de acceder a la misma. Lo único que no vais a recibir es información de las organizaciones sindicales. En estos momentos no sabemos si incitaros a un brindis o a una elegía por la libertad de expresión.
Esta índole de hechos suceden hasta en las mejores familias. Basta con que un partido político tenga una brillante idea para que sus contrarios la vejen, la censuren y urdan todas las tramas y trabas posibles para que no salga adelante. Para después, cuando cambien las tornas, apropiarla y hacerla suya. Debe ser que en su diccionario de la vida, entre otras muchas cosas, no existen los términos lealtad, homólogo o empatía.
Se puede llegar a entender, que no a justificar, a quien sustrae un coche por necesidad, pero nunca a quien lo raya deliberadamente porque es mejor o más bonito que el suyo Este último hecho es actuar como un auténtico cretino (perdón cretino/a, no vaya a ser que nos vayan a denunciar por discriminación sexista).
Por lo tanto, nos han impuesto la vuelta a las chinchetas, los panfletos, tablones, vestuarios. Nos han obligado a una información restringida y soslayada (por lo de mirarla de soslayo y con la intención de que cuando disponga de tiempo me detengo a leerla), a interrumpir en vuestro trabajo y deprisa y precipitadamente soltaros las novedades, a las preguntas de pasillo, a las demandas en corrillo, como los delincuentes o como los escolares intercambiándose papelitos. Nos han condenado al castigo más grave, porque si hay algo peor que la no información es la mala información.
Así las cosas, nos hemos aprovisionado de papel reciclado, plumas de pato y tinta de calamar (es más económico que papel pergamino, avestruz y tinta china) por si acaso tenemos que volver a la época de Cervantes. Aun así estaremos dispuestos a aprender de su ingenio y espíritu abierto, a compartir materiales e instrumentos de comunicación. Así, con un poco de suerte, hasta aprendemos de su buen hacer literario y con un mucho de mala fe o mezquindad también nos censuran, nos prohíben o nos requisan 'La ilustre fregona sindicalista'. Pero lo que no van a impedir es que nos identifiquemos con él en el más absoluto y sincero desprecio por los torquemadas de cada época. «Con la iglesia hemos topado amigos Sanchos».
Pero no os dejéis engañar ni por las apariencias ni por los hechos. La Administración, sea del tipo que sea, no esta ahí para fastidiar, perjudicar ni menguar los intereses de los ciudadanos. Ni a sus dirigentes les pagan por ello, por mucho que algunos se empeñen en manifestar lo contrario. El artículo 103 de la Carta Magna expresa: «La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios ( ) con sometimiento pleno a la ley y al derecho». El cumplimiento de este precepto compete a los poderes públicos, pero, en su defecto, es un deber y una obligación de los ciudadanos la defensa y si es preciso la lucha para hacer efectivo el mismo. La Administración somos, la hacemos y la financiamos entre todos.













