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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

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CERVERA
Fortún y Mandarina
Veteranos agricultores de la comarca del Alhama-Linares mantienen todavía la tradición de roturar los campos con arados tirados por caballerías

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Fortún y Mandarina
Fortún Jiménez Toledo con su mula 'Mandarina' arando su huerto. / SANDA
En los valles del Alhama y del Linares los campos comienzan a cambiar sus colores predominantes, ocres y apagados, por los blancos y rojizos de las flores de los almendros. Es una estampa de estas fechas. Otra, el humo gris de la quema de rastrojos de la poda y de la maleza. Pero sin duda alguna la presencia de caballerías en las huertas es lo que más llama la atención de cualquier foráneo.

La mayoría de los agricultores de la comarca son jubilados que continúan realizando sus labores en pequeñas parcelas como las han hecho siempre. Cultivan todo tipo de productos hortofrutícolas para consumo propio y muchos todavía acuden a sus tierras a lomos de sus caballerías. Los mulos y burros son utilizados como animales de transporte y de carga, bien con alforjas, bien tirando de carros. Pero en algunos casos, los menos, también hay quien realiza las labores de labranza con ellos.

Fortún Jiménez Toledo es uno de esos agricultores que mantiene casi intacta una forma de agricultura tradicional. Tiene 75 años y trabaja en el campo desde los 12. Estos días se le puede ver en su finca labrando la tierra para sembrar patatas ayudado por su mula 'Mandarina'. Ésta tira bajo las órdenes de su dueño de un arado que en muchos lugares se exhibe como una pieza de museo. Una herramienta procedente del antiguo arado romano compuesta por varias piezas de madera como el timón que se engancha al tiro del animal y otras de hierro como la reja que remueve la tierra y la mancera con la que se maneja el arado.

Fortún realiza así los canteros perfectamente paralelos en su huerto en 'el cuerno de Solano', frente al balneario de la Albotea. De un lado a otro de la finca y luego levantando el arado a pulso para enfilar un nuevo surco. Para él su parcela es su paraíso y allí pasa la jubilación y al mismo tiempo surte su casa con variedad de verduras y hortalizas todo el año. Los que le observan disfrutan de una postal única que pronto sólo se podrán ver en fotos o documentales.

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