Los jóvenes son unos borrachos, dicen. Sueltan la sentencia y se quedan tan anchos. Pero, ¿alguno sabe qué alternativas de ocio tienen los jóvenes en la actualidad? Conciertos, por ejemplo, este año no ha habido ni uno solo cuyo precio bajara de los 20-25 euros (unas cuatro copas en un bar; dos botellas de cualquier bebida espirituosa en un supermercado). Cine: 6 euros la entrada, más palomitas, más refresco, más...: otras dos copas. Teatro: para qué hablar...
No es cuestión de defender el alcoholismo como forma de ocio, pero tampoco vamos a negar la realidad, ¿no les parece? Está claro que como arma arrojadiza, los jóvenes son un blanco fácil. Da igual el
Lo que no se plantean algunos es que no sólo beben los jóvenes. Si bien es cierto que las melopeas de los fines de semana son terreno casi exclusivo de hordas de jovenzuelos desbocados, tampoco falto a la verdad si afirmo que muchos de los que hacen barra fija -y no sólo para echar un chato- entre semana hace mucho que ya no cumplen los cuarenta. Así que el que esté libre de copas, que tire la primera piedra. O cállese.
Afortunadamente, los jóvenes mantienen esa costumbre tan suya (tan nuestra) de hacer oídos sordos a las chorradas que no interesan. Por eso, ahora yo me voy a echar unas cañas. Le pese a quien le pese.








