Asombrados también estaban los primeros clientes del establecimiento, que preferían un buen almuerzo a un café; no así un vecino de la zona, que, a pesar de ser sábado, había madrugado para ver el último encierro de San Fermín en televisión. «Ya que estaba levantado, he salido a pasear al perro; pero al llegar al Puente de Hierro, la Policía no me ha dejado seguir», comentaba poco antes de las once este ciudadano, que no podía imaginar hasta entonces el trágico suceso.
«¿Cómo alguien puede abandonar a un niño?», se cuestionaba el hombre, que se interesaba por el estado del pequeño. Similares comentarios hacían algunos usuarios del parque: «¿Qué irresponsabilidad! Hay que ser un imprudente para dejar a un bebé en medio de un parque».
Adecentando la zona ajardinada se encontraba en ese momento un empleado del servicio de limpieza. «Es la primera noticia que tengo. A esas horas no estaba todavía aquí y además he empezado por la otra zona del parque», señalaba este trabajador.
Muy cerca de allí, en el frontón del Revellín, los aficionados a la pelota tampoco sabían nada del suceso. «He llegado a las nueve y antes que yo estaba un compañero barriendo el suelo porque se celebra por segundo sábado el Campeonato Interpueblos, pero no me ha dicho nada», apuntaba el secretario del torneo.
En el hospital San Pedro, la llegada del bebé tampoco inquietó la rutina de los trabajadores. De hecho, en la sección de neonatos, donde teóricamente habían ingresado al bebé, una empleada que negaba que estuviera allí. Sí lo estaban otros recién nacidos, que eran visitados por padres y familiares. Pero no había noticias del niño abandonado en el parque del Ebro.