La Audiencia condena a 37 años de prisión al hombre que maltrató a su esposa y abusó de sus tres hijas
Fernando Jiménez pegó a su mujer durante 27 años y penetró a la hija mayor desde que ésta tenía sólo ocho
La Audiencia Provincial ha condenado a 37 años de prisión al hombre acusado de maltratar a su mujer y a sus hijos y de abusar sexualmente de sus hijas durante más de dos décadas. El Tribunal considera a Fernando Jiménez, de 53 años, autor de un delito de violencia doméstica, de otro de lesiones, de dos delitos de agresión sexual continuados y de un delito de amenazas. Además, los jueces le obligan a indemnizar a su mujer con 60.000 euros, a dos de sus hijas con 90.000 y a la tercera, con 25.000, aunque él es insolvente.
La sentencia permite conocer los detalles del juicio, que se celebró a puerta cerrada. Según relatan los jueces, Fernando Jiménez sometió a su mujer a «todo tipo de agresiones físicas y psicológicas» durante los 27 años que duró su matrimonio. Quince días después de la boda, el condenado le dio la primera paliza y, desde entonces, el maltrato fue continuo: Jiménez impedía a su esposa relacionarse con su familia y salir de casa; la obligaba a bañarle, asearle, vestirle y calzarle, aunque él lo podía hacer por sí mismo; la llamaba «burra asmada» porque padecía bronquitis asmática; y la hacía ponerse a cuatro patas para burlarse. La mujer relató en el juicio que las agresiones se producían «con las manos, varas, palos, hierros; lo que tenía». «Me ha pegado mucho», resumió ella. La última vez, le rompió dos dientes. En ese punto, la mujer decidió separarse con la intervención del Consejo Gitano.
Pero la violencia no se limitó a ella. Todos los hijos del matrimonio, seis en total, padecieron en algún momento la ira del condenado. Al hijo mayor, que sufría eneuresis, le obligaba a dormir en el suelo sin manta y si su madre le cubría, pegaba a los dos. En una ocasión, le hizo morder un pañal con heces de su hermana. Al segundo le echó de casa por intentar impedir que pegara a su madre. El tercero se inculpaba continuamente de cualquier cosa para evitar que el hombre agrediese a su madre o a sus hermanos; entonces, era él quien recibía la paliza.
En el caso de las hijas, las agresiones se convirtieron en abusos sexuales. A la mayor de ellas, la sometió a tocamientos desde que tenía tres años. Le mostraba el pene y se masturbaba delante de ella, le obligaba a masturbarle, a mostrar su vagina, a hacerle felaciones. Cuando tenía ocho años, la penetró por primera vez y no dejó de hacerlo nunca. A la segunda le tocó los pechos cuando tenía nueve años y desde entonces, ella evitó estar a solas con su padre. A la pequeña le obligaba a adoptar posturas eróticas y a tocarle los genitales; cuando años después, se le diagnosticó una enfermedad neurodegenerativa, el padre se negó a que recibiera asistencia médica y le administró medicación sin atender a la prescripción facultativa.
El matrimonio se separó en el 2005 y entonces, salieron a la luz las agresiones de Jiménez. El procesado, que no declaró en el juicio pero sí en una vista previa, sólo admitió que llamaba a su mujer «burra asmada» y que les pegó «dos guantadas» a sus hijos, pero negó haber cometido agresiones sexuales contra sus hijas.
La Audiencia estima que, a consecuencia del maltrato, la esposa y las dos hijas menores sufren como secuela un grave trastorno de estrés postraumático, que en el caso de la pequeña ha hecho que su enfermedad degenerativa neurológica empeorara. Según afirma el tribunal, la recuperación de su salud mental va a ser muy difícil.