El 29 de mayo, Antonia G.C. fue encontrada degollada en el interior de la casa que tenía alquilada. En un principio, «todas las hipótesis apuntaban hacia el compañero de la fallecida», indica el vecino de enfrente. Sin embargo, Santiago A.P., que en febrero había abandonado la localidad al ser despedido por el ganadero que lo había contratado como pastor, se presentó en el cuartel de la Guardia Civil en Toral de los Guzmanes, León, proclamando su inocencia. No fue detenido; sólo se le reclamó que estuviera localizado.
Otra hipótesis
Se abría de esta forma un nuevo capítulo en el que se contemplaban todas las posibilidades. En este momento sigue sin haber noticias oficiales. El caso se encuentra bajo secreto de sumario, y a mediados de mes se producirá el relevo en los juzgados de Calahorra con la llegada de las dos jueces titulares, una de las cuales asumirá el caso. «No hay contacto con la Policía Judicial», señala la alcaldesa de Galilea, Concepción Eguizábal. «Los vecinos a veces preguntan, 'algo se debería saber', me dicen», sin embargo, agrega, «yo no tengo ninguna noticia».
Galilea es una localidad con 375 vecinos empadronados, pero que en los meses de verano supera las 500 personas. «Comentarios hay de todo tipo y más en estas fechas, cuando el pueblo se llena de veraneantes del País Vasco que han leído la noticia en el periódico o la han visto en la tele», afirma Carmen, la propietaria del bar El Torco. «Al principio la gente estaba recelosa, incluso había miedo a quedarse solo en la calle, pero con el tiempo las cosas vuelven a su cauce», dice Carmen. «Nosotros -añade- pensamos que no pudo ser gente del pueblo, pero no se puede poner la mano en el fuego por nadie».
La vivienda en la que fue encontrada la víctima, de 38 años de edad, permanece precintada a día de hoy. Una cinta blanca y verde con el distintivo de la Guardia Civil impide el paso a los curiosos. «Estoy seguro de que están tras la pista; notas gente distinta e intuyes que puede ser policía», recalca Tomás Montenegro, el propietario de la casa de comidas del pueblo. Para este hostelero, «hasta que no aparezca quién ha cometido el asesinato, todos somos sospechosos». La incógnita continúa.