Estalló la fiesta de San Fermín
Miles de personas participaron en el tradicional chupinazo que dio comienzo a las fiestas de San Fermín en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona
Un año más, como cada 6 de julio, Pamplona ya está sumergida en una de las fiestas más intensas del mundo: los sanfermines. A las doce en punto, el cohete anunciador, el chupinazo , ha estallado en un cielo azul radiante mientras en la Plaza Consistorial, frente a la fachada barroca del Ayuntamiento, una marea humana se anudaba el pañuelo rojo al cuello, en medio de una alegría desbordante.
Las fiestas de San Fermín empezaron con el tradicional chupinazo que este año lanzó Yolanda Barcina, la alcaldesa que comienza su tercer mandato consecutivo, después de ocho años en el cargo. Es la segunda vez que Barcina prende la mecha de un cohete que cuenta con la carga de pólvora suficiente como para escucharse en un radio de cinco kilómetros, según explicaba segundos antes el pirotécnico responsable del material, Vicente Caballer.
La alcaldesa, catedrática de Farmacia y en la filas de Unión del Pueblo Navarro, ya conocía las emociones que provoca este acto. Tiró el cohete por vez primera en 1999. Nadie hasta este momento, desde la instauración de los ayuntamientos democráticos, había disfrutado del honor de anunciar dos años, a voz en grito, que la fiesta comienza. La tradición mandaba que UPN fuera el grupo municipal encargado de abrir los festejos, tras haber sido el partido con más concejales en las elecciones de mayo.
Apertura de fiestas
Desde las diez de la mañana, centenares de personas, adolescentes en su mayoría, iban llegando a la Plaza Consistorial, situada en pleno Casco Antiguo de Pamplona. Camino del mediodía, ya las angostas calles que llevan hasta la plaza se encontraban absolutamente abarrotadas.
Un cuarto de hora antes de las doce comenzó a sonar la música festiva y el gentío enardecido, veinteañeros en su mayoría, brincaba, coreaba cánticos y descorchaba decenas y decenas de botellas de cava para regar los cuerpos y las gargantas. Minuto a minuto se caldeaba el ambiente con serpentinas y confetis rojos y blancos lanzados desde el Ayuntamiento. A las doce menos cinco se abrieron los balcones y la alcaldesa, mientras se incrementaban los decibelios del griterío, se situó frente al cohete.
Los clarines y timbales, imperceptibles para la mayoría de los asistentes pero imprescindibles en toda ceremonia pamplonica, dieron paso, tras el llamamiento a los ciudadanos, a la fórmula clásica: Viva San Fermín, Gora San Fermín. En ese instante la plaza se tiñó de un vivísimo color rojo, el rojo de los miles de pañuelos tensados en triángulo sobre las cabezas del mocerío que desde entonces quedaron anudados en los cuellos.
Con las altas temperaturas como principal acompañante, tras el chupinazo, mientras se sucedía la explosión de cohetes, bandas de gaiteros y 'txistularis' se abrían paso entre los mozos que brincaba al ritmo de los sones festivos. Después fue el turno de La Pamplonesa, la apreciada banda municipal, que inició con paso lento su camino hacia la cercana Plaza del Castillo.