A la clase política le molesta sobremanera hablar de sus sueldos y similares. Sólo sin micrófonos accede a ensuciarse con asuntos tan menores como el de la soldada. Le debe parecer cosa tan mundana que no merece su atención. Y sin embargo, a los políticos les importa la nómina de fin de mes como a todo hijo de vecino que no sea gran heredero o promotor inmobiliario.
Sé de un ex alcalde que en el ocaso de su segundo mandato, y acaso sabedor de que le olía el culo a pólvora, propuso al jefe de la oposición «negociar» los dineros de los siguientes cuatro años. Recibió como contrapropuesta que los asuntos dinerarios se tratasen de inmediato... una vez fuese electa la nueva Corporación. Es la guerra del perro del hortelano. No me importa morir de hambre si tú también la cascas de sed.
Porque, siempre en privado, los políticos consideran que sus sueldos, en general, no reconocen su dedicación, su trabajo -como le ocurre a todos los asalariados- y lo que en muchos casos tienen que dejar colgado para dedicarse a la cosa pública. Porque quieren, me dirán. Sí, pero tanto como el que sueña con ser bombero, que los hay, y nunca se plantea apagar fuegos por la cara.
Más le valdría a estos gestores de la 'res publica' ser menos pazguatos y explicar al ciudadano que lo normal es que a un curro le corresponda un sueldo, y después justificarlo con los hechos. A lo mejor en Arnedo tiene un ejemplo. Aunque alguien se escandalice. jadelrio@diariolarioja.com