Jueves, 5 de julio de 2007
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OPINIÓN

LA TRIBUNA DE LA RIOJA
Radiación ultravioleta: efectos sobre la salud y el medio ambiente
De niños aprendimos que el sol nos aporta luz y calor, y la placentera imagen que tenemos de él nos lleva a considerarlo como un amigo fiel que nos infunde energía y nos ayuda a ver la vida de manera positiva. Sin embargo, el sol también tiene su lado oscuro. Entre los diversos tipos de radiación que emite nuestra estrella preferida, se encuentra la radiación ultravioleta (UV), invisible para nuestros ojos pero ciertamente peligrosa. Esta radiación se divide en tres bandas: UV-C, UV-B y UV-A. La radiación UV-C es letal para los seres vivos pero, por suerte para nosotros, resulta completamente absorbida por la capa de ozono presente en la estratosfera, aproximadamente entre unos 12 y 25 kilómetros por encima de nuestras cabezas. Por su parte, la radiación UV-B tiene muchos efectos dañinos sobre los seres vivos, y la absorción de esta radiación por parte de la capa de ozono es solamente parcial, por lo que una cierta cantidad de UV-B alcanza la superficie de la Tierra y puede afectar a los organismos, incluido el ser humano. Finalmente, la radiación UV-A no es absorbida apenas por la capa de ozono, con lo que llega prácticamente intacta a la superficie terrestre. La UV-A no resulta tan nociva como la UV-B, y de hecho es la radiación que nos pone morenos porque induce la formación de melanina en nuestra piel, pero puede resultar peligrosa si se recibe en exceso.

En 1974, los investigadores de la atmósfera Mario Molina y Sherwood Rowland descubrieron que los clorofluorocarburos o CFCs, unos gases utilizados durante décadas por el hombre como refrigerantes y propelentes de aerosoles, poseían una gran capacidad para destruir el ozono estratosférico e impedir su papel protector frente a la radiación UV. La utilización de los gases destructores de ozono fue regulada por el Protocolo de Montreal en 1987, pero su uso todavía está permitido para ciertos fines y además su gran persistencia en la atmósfera (hasta 150 años) ocasionará nuevas pérdidas de ozono en las próximas décadas. La degradación de ozono resulta especialmente dramática en la Antártida, donde cada primavera austral se pueden registrar pérdidas de hasta el 60%, lo que se conoce coloquialmente como 'agujero de ozono'. Pero estas reducciones también tienen lugar en otras zonas del planeta, y se estima que en las latitudes medias donde nosotros habitamos se ha perdido entre un 5% y un 12% de ozono estratosférico desde 1980.

La consecuencia directa de la destrucción del ozono estratosférico es el aumento de radiación UV-B recibida en la superficie de la Tierra. En el ser humano, se ha demostrado la relación de diversas lesiones y enfermedades con la exposición excesiva a la radiación UV-B, especialmente en la piel (enrojecimiento o eritema, quemaduras, fotoenvejecimiento, cáncer) y los ojos (fotoqueratitis, fotoconjuntivitis, cataratas, cáncer de conjuntiva), y también en el sistema inmunológico (disminución general de su funcionamiento, aumento de la fotosensibilidad, mayor riesgo de infecciones y alergias, reducción de la efectividad de las vacunas). Los daños producidos por radiación UV-B son más intensos cuanto mayor es la exposición, lo que ocurre por ejemplo en determinados lugares (zonas de montaña), épocas del año (verano) o periodos del día (horas centrales). Por lo tanto, las actividades laborales, turísticas y de ocio desarrolladas a la intemperie en estas situaciones incrementan el riesgo. No obstante, la radiación UV-B también muestra una contrapartida beneficiosa, ya que nos resulta necesaria para la síntesis de vitamina D.

¿Cómo podemos protegernos de una radiación UV-B excesiva? En primer lugar, mediante la síntesis natural de melanina en nuestra piel, lo que disminuye la penetración de la radiación UV-B hacia capas más profundas. La cantidad de melanina producida depende del fototipo, que clasifica a las personas en seis tipos en función del color de la piel, los ojos y el pelo, así como de la tendencia a broncearse o quemarse. Los fototipos de número bajos corresponden a pieles poco pigmentadas y con tendencia a quemarse, mientras que los fototipos altos indican pieles muy pigmentadas. Los individuos mediterráneos solemos tener fototipos medios. Además de la protección natural, es conveniente adoptar otras defensas como mantenerse a la sombra cuando la radiación solar es más intensa, o utilizar gafas de sol, cremas protectoras, y ropa que cubra nuestra piel. Una exposición excesiva a la radiación UV-A también entraña riesgos, más aún teniendo en cuenta que esta radiación no sólo es emitida por el sol, sino también por las lámparas de bronceado artificial, que deben usarse con máxima prudencia.

La perentoria necesidad de que los ciudadanos adoptásemos medidas de fotoprotección condujo a diversos organismos internacionales a diseñar el Índice Ultravioleta (UVI en sus siglas inglesas), una sencilla escala numérica que en nuestros climas varía entre 0 y 12. Conociendo el valor del UVI en un día concreto, podemos consultar unas tablas adecuadas a cada fototipo, que nos informan sobre las medidas fotoprotectoras que conviene tomar. Por ejemplo, en Logroño hemos medido valores de 10 en las horas centrales de algunos días de verano, valores que se consideran extremos y que aconsejarían permanecer a la sombra. Las medidas fotoprotectoras son siempre más exigentes en el caso de los niños, que evidentemente resultan más sensibles a la exposición solar.

El Grupo de Ecofisiología de la Universidad de La Rioja, al cual pertenecemos, investiga los efectos de la radiación UV sobre las plantas y la utilización de éstas como bioindicadores de dichos efectos, dentro del Plan Nacional de I+D. En las plantas, la radiación ultravioleta-B afecta al ADN, la fotosíntesis y la producción de compuestos protectores, y estas alteraciones pueden modificar el funcionamiento global de los ecosistemas. Esta experiencia investigadora, junto con el interés común del Grupo, el Ayuntamiento de Alfaro y la Universidad de La Rioja por divulgar la ciencia y acercar las cuestiones ambientales a los ciudadanos, han constituido las bases para el desarrollo del Curso de Verano sobre Radiación ultravioleta. Efectos sobre la salud y el medio ambiente, que se celebrará en Alfaro del 11 al 13 de julio próximos.

 
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