Sanz exige a Zapatero más financiación autonómica y que cesen los ataques al vino
El presidente toma posesión con una defensa de la identidad regional y la promesa de transformar La Rioja en una región «de vanguardia»
La Rioja será una región «de vanguardia», en cuya defensa Pedro Sanz promete beligerancia ante el Gobierno central, aunque también ofrece «ánimo de cooperación». Sobre estos pilares asentó ayer el presidente del Ejecutivo riojano su discurso de toma de posesión. Los muros de Yuso acogieron el solemne acto; en realidad, se trataba de un pleno del Parlamento trasladado desde la habitual sede de la Cámara regional en Logroño hasta el monasterio emilianense. Ante un selecto auditorio, donde descollaba la presencia del ministro Jordi Sevilla en representación de la Administración estatal, Sanz no se apartó un milímetro de su discurso clásico, aunque introdujo alguna novedad: como ya sucedió el martes durante la sesión de investidura, sus palabras rehuyeron la confrontación y buscaron los puntos de encuentro.
¿Hacia quién tendía puentes ayer el presidente? Puede interpretarse que hacia el propio Gobierno central, al que garantizó «lealtad» pero dirigió, no obstante, severas advertencias: reclamó que cesen los ataques al vino («Nuestra seña de identidad», recordó) y exigió una financiación autonómica más adecuada para la capacidad riojana de autogobierno. Sanz concretó esta petición en la asunción de las competencias de Justicia con una suficiente dotación económica y luego enunció una retahíla de reproches hacia el Gobierno de Zapatero. Recordó las viejas reivindicaciones riojanas en materia de infraestructuras, tanto hidráulicas como de transporte, y volvió a demandar el fin de los agravios comparativos entre regiones.
Saludos a Castilla y León
Fue en este punto donde saludó al presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, que ayer devolvió a Sanz la visita que el mandatario riojano había hecho el día anterior a Valladolid. La presencia de Herrera sirvió al flamante presidente de La Rioja para poner como ejemplo de relación solidaria y fecunda la que une a ambas regiones, cuyo ejemplo trasladó al ministro Sevilla. «Ofrecemos una lección», afirmó Sanz, «que debería inspirar el proceso de reformas en marcha, desde la suma y no desde la división».
Era la parte central de su discurso. El sol golpeaba el patio central del monasterio de San Millán cuando el jefe del Ejecutivo regional confesó a los presentes su «orgullo, emoción y gratitud» por protagonizar su cuarta toma de posesión consecutiva como presidente. Sus palabras le llevaron a recordar la mañana del 8 de julio de 1995 cuando por primera vez accedió al cargo que ocupa desde hace doce años. Una mañana parecida a la de ayer y presidida por los mismos principios en la acción de Gobierno que rememoró de nuevo y que pueden resumirse en tres puntos: su promesa de gobernar «para todos»; su apuesta por «promover las condiciones para que la libertad del individuo y de los grupos sea real y efectiva»; y, en fin, su compromiso en convertir la creación de empleo en el eje del mandato que acaba de estrenar.
Unas horas antes de su toma de posesión, el Boletín Oficial del Estado había publicado su nombramiento, con esa curiosa firma del Rey Juan Carlos desde Kazajistán, donde se encontraba de viaje oficial. Sanz, que no olvidó mencionar su adhesión a la monarquía parlamentaria y a la España constitucional, acabó su discurso prácticamente como lo había empezado: con un largo capítulo de agradecimientos. Si sus primeras palabras de gratitud se habían dirigido a los electores, a los parlamentarios, a los hombres y mujeres del PP e incluso a los presidentes que le precedieron en la jefatura del Gobierno regional, dejó para el final el recuerdo más emocionado para sus seres queridos, su mujer y su hija, «sin cuyo apoyo y cariño constante no habría sido posible dedicar tanto tiempo a esta tierra a la cual hoy renuevo mi promesa de servir con mi mayor voluntad y con todas mis fuerzas».