A las puertas del 27-M y con los sondeos internos poco optimistas, el ex ministro de Medio Ambiente cayó en una tentación recurrente entre los políticos de cualquier color: 'fichar' un personaje más o menos popular ajeno a este mundo con la intención íntima de contagiar a sus listas y a sus programas del magnetismo que quizás les falta por sí mismos. Unas veces se busca en el vivero de la universidad, otras en el del espectáculo o del deporte. Igual da.
Con lo que Matas no contaba es que su «apuesta personal e independiente», que a falta de méritos literarios ya levantó agrias diferencias entre el jurado del Planeta, siempre ha sobresalido por su mal disimulada ambición. Lejos de aportar algo a la política, la decisión tomada ahora por María de la Pau Janer descubre que su salto al hemiciclo pretendía más bien apropiarse del escaparate público que éste presta a los ganadores. Y perder es un verbo que no conjuga ni en sus novelas ni en su ideología.
Para el el PP balear es difícil evaluar el tirón que tuvo el fichaje, pero muy sencillo recontar los casi mil votos nulos de su candidatura que llevaban tachado el nombre de Janer en señal de malestar. Pero lo que más duele de su repentina fuga no es la falta de respeto al electorado o el flaco favor que ha hecho a la imagen de la política. Lo peor es que ahora tendrá más tiempo libre para perpetrar otro de sus infumables folletines con tapas duras y apariencia de libro.