Jueves, 28 de junio de 2007
Registro Hemeroteca

en

LOGROÑO

LOGROÑO
Samaritano con tarifa
Un cerrajero cobra 30 euros a una madre después de haberse ofrecido a auxiliar a su niña, que quedó atrapada en el interior del vehículo al activarse el cierre centralizado
Hace calor, no sofocante, pero sí intenso y con un sol de justicia. Una madre llega con su niña, de apenas un año, al aparcamiento de Murrieta para retirar su coche. Coloca a la criatura en el asiento trasero y deja el bolso en el del copiloto mientras guarda la silla en el maletero. Cierra el portón y 'tiu-tiu', el fatídico ruido del cierre centralizado deja encerrada a la niña, las llaves dentro y el sistema bloqueado.
Samaritano con tarifa
Yasmina, la madre de la niña socorrida por un cerrajero que le cobró luego 30 euros. /D. URIEL
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Agobio, mucho agobio. Tras llamar al concesionario y comprobar que no hay fórmula mágica para abrir el vehículo, un conocido se para para ayudar a la angustiada madre, de nombre Yasmina: «No sabes cómo reaccionar en esos momentos porque ves a la niña y no puedes hacer nada».

Pasa un conocido y coloca una sombrilla para aliviar del sol directo a la criatura. «Habrá que llamar a, no sé..., la Policía», se preguntan. Yasmina recurre a su suegro, que trabaja con la cerrajería, pero antes de que éste llegue un coche se para al lado.

«Qué ocurre», pregunta. Afortunadamente es un profesional, un cerrajero de paso que por suerte se ofrece a ayudar a la madre en apuros. «Gracias a Dios», piensa Yasmina entre lágrimas que ya se contagian a la criatura, agobiada por el calor y por la expectación de fuera. El cerrajero, como caído del cielo, conviene con la madre: «Intentaremos saltar el cierre». Imposible, la moderna tecnología parece blindada, así que conviene con la madre no romper el cristal, sino desmontar una ventanilla. Procede con una palanca y desmonta la goma que protege la luneta. Saca la ventanilla y por fin abren el coche. Han sido cuarenta angustiosos minutos para la madre y para la niña. Yasmina coge a su hija, le da agua y la refresca. Gracias al cielo todavía queda buena gente dispuesta a colaborar. Es cuando su suegro, que ya ha llegado, agradece la labor al cerrajero. El profesional, nunca mejor dicho, replica: «Son treinta euros por las molestias».

El suegro paga, pero se pregunta: «Vaya, con el buen samaritano». Cuando se entera, la madre también lo asume: «Lo importante era sacar a la niña, pero me pregunto dónde ha ido a parar la buena voluntad de la gente».

«Nadie le pidió nada -continúa-, él se ofreció a quitar la ventanilla y se lo agradezco, pero me pregunto si un médico que se encontrara con un accidente y ayudara a los heridos pasaría luego también la cuenta». El caso es que los treinta euros («y sin factura», dice Yasmina), más los 73 del montaje de la nueva ventanilla con la pequeña reparación de chapa, suman 103, el doble que haber roto la ventanilla, según le dicen a la madre en el concesionario: «¿Coño con el samaritano¿», repite Yasmina.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS