«Yo me subo de paseo porque desde aquí puedo ver mi pueblo, Yécora, y Codés. Me gustan las vistas», cuenta Petra, que a sus 91 años y apoyada en un bastón, acude diariamente hasta la entrada del parque. Pero sólo hasta la entrada, porque no puede entrar debido a la excesiva pendiente de la cuesta que da acceso al parque. «Me da miedo caerme», confiesa. A su juicio, 'los pinos' (nombre con el que se conoce popularmente esta zona de Logroño) debe pasar por un lavado de cara.
En una de las mesas del parque, Cintia y Sonia se han juntado con sus amigos. «Venimos por la tarde, por la noche, ni se nos ocurre porque falta iluminación y aquí te puede salir cualquiera», explica Cintia. «La verdad es que el parque está bastante dejado», agrega Sonia. «La sensación es de desorden», continúa.
En la calle Portillejo, los vecinos viven ajenos al parque de los Enamorados pese a que viven a apenas dos minutos de él. «Yo bajo a mis niños a jugar a la zona privada, a 'los pinos' ni me lo planteo», cuenta María, que reside en esta zona de nueva urbanización. ¿Y le da miedo por la noche? «Miedo no, pero un poco de respeto, sí», añade María, que ve con buenos ojos una posible reforma y modernización del parque de los Enamorados.