Martes, 19 de junio de 2007
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OPINIÓN

LA TRIBUNA DE LA RIOJA
La personalidad del adolescente
Suele decirse que, aunque uno nace persona, la personalidad hay que hacerla. Y esa es la gran tarea de la adolescencia: construir la propia personalidad, lo que no es nada sencillo. La evolución del adolescente no debe detenerse en el vacío moral que supone el rechazo de todo valor y norma, el afán meramente consumista y la protesta por la protesta; sino que tiene que aprovechar su afán de ser libre para aprender a dominarse, a ser dueño de sí, a tener fuerza de voluntad, a integrar sus instintos, a fin de poder así hacer frente a las exigencias que va a encontrar en la vida afectiva e intelectual. Debe plantearse cuáles son sus motivaciones, elaborando un sistema de valores que tal vez coincidan con los que le enseñaron sus padres, pero ahora ya como elección propia, como su camino personal para buscar el amor, la verdad y el bien, realidades que para un creyente se identifican con Dios, aunque sus elecciones reciban las influencias de la familia, del grupo de amigos, de la Iglesia, de los medios de comunicación y de la escuela, porque no es en absoluto necesario ni siquiera conveniente partir de cero, sino que hay que aprovecharse de lo que otros han hecho antes que nosotros, ya que solamente así es posible el progreso y el tener ideas claras sobre lo que se pretende.

La afirmación positiva de sí mismo ha de llevarle a saber contestar a la pregunta de quién va a ser teniendo un proyecto de vida que le lleve a un progresivo desarrollo de su persona. Sin prisas, pero también sin descuidarse, tiene que ir pensando qué es lo que quiere hacer con su vida, de qué modo quiere llenarla de sentido.

El núcleo del problema de identidad está fuertemente ligado a la elección vocacional. La educación familiar debe tender a hacer posibles la independencia personal y la elección de profesión y de estado. Los estudios le van a dar una base de conocimientos que le van a permitir escoger libremente su profesión y ejercerla con competencia y responsabilidad. Su futuro trabajo debe verlo no sólo como lo que le va a permitir ganarse la vida, sino sobre todo como su modo de hacer el bien, de servir a los demás y a la sociedad. En lo afectivo y sexual padres, educadores y profesores podemos contribuir muy positivamente al fortalecimiento de la confianza en su propia identidad sexual. Es importante aceptarse en su 'ser varón' o en su 'ser mujer", y desde allí empezar a mirar los posibles caminos que han de llevarle a la plena realización.

Una de las dificultades con las que se enfrenta es que, ante los grandes cambios del mundo actual, muchos de su edad han perdido la capacidad de asombrarse y maravillarse. Los padres, con su consejo, tienen una tarea muy importante en esta etapa de su desarrollo. Por ello no hay que despreciar la cuota de idealismo que le permite soñar con alegría y entusiasmo, aunque también hay que ayudarle a conocer la realidad y a ser sincero consigo mismo, con el esfuerzo de superación que ello supone. No debe tener miedo a enfrentarse consigo mismo, a intentar saber cómo es, aunque corra el riesgo de ver en él cosas que no le gustan. Nunca hay que conformarse en ser como se es, sino que siempre se debe aspirar a ser mejor. Es esencial superar el simple consumismo, el intentar disfrutar de lo inmediato relativizando todo, con la consiguiente amargura de no encontrar sentido a la vida, o buscar ese sentido en extremismos radicales, incluso violentos, o bien no saber reaccionar y hundirse ante las dificultades de la vida. No hay que olvidar que el rencor y el odio, por muy justificados que estén, son dos poderosísimos venenos que destruyen a quienes se dejan dominar por ellos. Debe aprender a mirar no sólo el presente o el futuro inmediato, sino acostumbrarse a pensar y planear a medio y largo plazo, teniendo una visión de futuro que dé orientación e intencionalidad a su vida.

 
Vocento

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