La Divina Providencia no debió estar de acuerdo con esa injusticia futbolística y descargó toda su ira sobre El Mazo. La lluvia y el granizo fueron intensos hasta que en el minuto 15 el colegiado tuvo que suspender el encuentro. La grada corroboró algo que ya sabía, al arquitecto del campo de fútbol no le gusta ese deporte y antes de redactar el proyecto de El Mazo no había visitado ninguno -ni lo habrá hecho nunca después-, ayer los espectadores de la tribuna se mojaron por delante y por detrás, porque el agua les estaban por todos los ángulos.
Cuando el cielo tuvo clemencia, el césped era una balsa. El árbitro dijo que ahí no se podía jugar, pero el Monzón pidió un compás de espera para no tener que volver a viajar hasta Haro.
Después de varias visitas al césped, hora y cuarto después el partido se reanudó sobre un campo en el que el balón no rodaba, pero...
El Haro salió en tromba y rápidamente equilibró el marcador al transformar Joni un penalti que cometió el portero sobre él mismo. Los jarreros ya rozaban el pase, pero les faltaba culminar sus numerosos ataques con otro gol. El descanso les arrebató esa posibilidad y en el segundo periodo ya no la tuvieron.
Un equipo nuevo
El Monzón que salió del vestuario fue uno completamente distinto del de la primera mitad. Apenas le dio al Haro la posibilidad de soñar con un nuevo gol. Controlaron el balón, recogían todos los rechaces, marcaban el ritmo de partido, el tiempo y todo lo necesario para conducir el encuentro por donde ellos querían, lo único que les faltaba era añadir un gol más a su tanteador para tranquilizar definitivamente a los 300 aficionados que les habían acompañado hasta Haro. Lo consiguieron en el minuto 77 cuando Romero centró desde la banda y en el área pequeña, Fernan al intentar despejar, introdujo el balón en la red dando por finalizada la andadura del Haro en la fase de ascenso a Segunda B.