Domingo, 10 de junio de 2007
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Un día con ángel
El acto oficial celebrado ayer en San Millán tuvo como colofón un ágape donde los concejales del PR en Logroño, que tienen la llave del futuro Gobierno, fueron los protagonistas indirectos
Ni San Millán, ni San Pedro, ni todos los santos del firmamento. Ayer, en el claustro de Yuso, el actor principal de la película que se rueda entre canapé y canapé después de todos los fastos oficiales era un ángel. Ángel, quieres vino. Ángel, te gusta el chorizo. Ángel, te quito esa motita que se te ha pegado al bigote. Ángel ponte aquí debajo que vas a mojarte esa corbata verde tan bonita.
Un día con ángel
Imagen del patio exterior del monasterio de Yuso durante la ceremonia. / E. DEL RÍO
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El ángel al que ayer todos hacían sitio entre las balaustradas del monasterio era Ángel. Ángel Varea. Porque este ángel tiene desde hace quince días una llave codiciada. La que abre las puertas del cielo del Ayuntamiento de Logroño. Y todos los saben. Y Ángel también. Y el ángel del PR, que aunque perdió votos ganó influencia (paradojas inescrutables de la santidad democrática), se sabe centro de todas las miradas y vive estos días con el humor cómplice de la novia que se sabe deseada. Los caprichos de Ángel son órdenes para todos. Para el PSOE y para el PP. Para el que venga o para el que se quede.

Cuando las cámaras no apuntan, en los dos bandos se quitan el maquillaje y brotan las bromas que en el fondo no son bromas, sino cargas de profundidad para saber la combinación secreta que maneja Ángel. Pero Varea no se inmuta ante los halagos. Sonríe con el mismo gesto que hace dos semanas y se hace querer. «Sírveme otra copita», dice. Y todos se pelean por buscar una botella que satisfaga a su santidad.

Ángel, al menos, sabe quién es y masculla lo que será dentro de unos días. Pero otros muchos no. Ayer estaban como consejeros. O como directores generales. O como mandamásdenosequé. Y a lo mejor hoy son otra cosa. O peor aún: pasan a ser nada. Todo depende del otro llavero que parecía tintinear por los largos pasillos de San Millán y que estaba en el bolsillo de Pedro Sanz. La llave que, más pronto que tarde, deberá abrir la puerta donde guarda la lista de los altos cargos que seguirán en su gabinete, los que deberán decir adiós (algunos ya se han despedido por su cuenta) o los que encontrarán un lugar en la gloria política. La misma en la que Ángel ha reservado una plaza. Sólo falta que decida en qué mano quiere aparcar. A la derecha o la izquierda.

 
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