Sábado, 9 de junio de 2007
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La lenta carrera del olvido
Angelines cuida a su madre, enferma de alzheimer, desde hace diez años, pero de momento no ha solicitado las ayudas que otorga la nueva ley
Hace diez años que el olvido se introdujo en el hogar de María Ángeles. Entonces se le diagnosticó una de las enfermedades más temidas por la sociedad: el alzheimer. En una carrera lenta, pero continua, esta mujer ha ido perdiendo algunas de sus capacidades y borrando sin vuelta atrás gran parte de los hechos que han marcado su vida.
La lenta carrera del olvido
Angelines y su madre comparten la jornada, limpian y salen a pasear cada tarde. / M. C.
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«Ahora todavía nos reconoce, a mí y a mi padre, pero cuando se enfada dice que no sabe quiénes somos», explica su hija Angelines. A sus 54 años, lleva dos lustros cuidando de su madre casi durante 24 horas. «Es algo muy esclavo, tienes que estar todo el tiempo pendiente de lo que hace y dice, no se le puede dejar sola», apunta sin quitar la vista de su madre, quien comienza a pasear de forma inquieta por el pasillo.

Y es que la enfermedad ha provocado en María Ángeles, de 79 años, continuos cambios de humor ante los que es difícil reaccionar. «Hay días en que está más tranquila, pero otros se altera mucho; con el calor se pone más nerviosa que con el frío», reconoce Angelines.

A pesar de los síntomas hay momentos en los que María Ángeles es consciente de su enfermedad. «En su caso -indica su hija- el deterioro está siendo muy lento; no sabes lo que significa esta enfermedad hasta que se vive de cerca».

Sin embargo, ni Angelines, ni su padre Isi, de 84 años (quien también cuida a su mujer), han solicitado la ayuda que ofrece la Ley de Dependencia. «Considero acertada una ley así, pero de momento no nos hemos acogido a ella; el año pasado, cuando se aprobó la ley, hubo una reunión informativa en Logroño, pero no acudimos para no dejar sola a mi madre», recuerda. Aun así no descarta enterarse con más detalle en los próximos meses.

Mientras, cada día la rutina se repite. En torno a las 9 de la mañana se levantan las dos y entonces comienza la jornada. «Me ayuda a limpiar, ella va por delante y yo termino las cosas», apunta la hija. Después salen a la compra y por la tarde de nuevo van a pasear. «Le gusta mucho salir a la calle y andar; antes leía, disfrutaba con las plantas y se entretenía viendo la televisión, pero ya sólo quiere pasear», concluye Angelines, quien en las últimas semanas ha debido dividirse para atender también a su padre operado de la rodilla.

 
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